Ni que decir tiene
que me quema
el nacionalismo
en las entrañas.
Ese españolismo,
caduco y eterno,
que prometiendo el orden
censura la verdad.
También me inflama
el independentismo,
enfermo de ego,
que promete sonrisas
mientras permite
barricadas hostiles
contra la gente de bien.
Detesto la violencia,
el feroz enfrentamiento
y una juventud ahogada
que busca en la pelea
su justificación vital.
No hemos aprendido nada,
nunca aprenderemos nada,
si seguimos
buscando en las banderas
la esencia de lo humano.
Debemos ser más que este vacío.
Pensemos,
esta vez pensemos,
en algo que sea alternativo,
que nos infunda ánimo
y no desasosiego.
Seamos hombres y mujeres
construyendo caminos
y no insurrectos
capaces de matar
por antiguos lemas
que ya nos condujeron,
otrora,
a la maldad.