Arrugas

No es un rayo de amor,
anacrónico y romántico,
el que perfila en su estruendo
mi piel envejecida.

No.

La silueta de mi rostro la definen
las arrugas de mil batallas,
perdidas por un cuerpo en guerra.

No solo eso.

Las esquirlas del desastre
filtraron también, con su tamiz,
los surcos del amor,
las cicatrices del placer

y la palabra.

En tiempos de autolesiones,
quiero honrar el milagro,
explícito y carnal,
de seguir siendo caos
entre claveles y cardos.

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