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un café y un poema

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poesía

Dibujo

Dibujo mis palabras

como quien escribe un cuadro.

Despacio, sosegada,

dolorida,

observando cada línea,

desde lejos,

como si fuera

un punto de fuga que… se escapa.

Incluso, juego

con armoniosas policromías

que diluyen el peso

de cada palabra,

de cada pincelada.

Dibujo mis palabras

y converso con mi cuerpo

y me dejo llevar por sus

desconexiones

(absenta barata

para quien esboza un presente

ajeno al caos

que lo delimita).

Escribo el cuadro de mi vida,

y en el claroscuro del trazo,

redescubro la importancia de los nombres

que entintaron de luz

mis más tristes veladas.

Infinito azul

No diviso la tierra

desde este mar

en que me hallo sumergida.

No diviso la tierra de los otros

sino como una fábula lejana

que se proyecta en las olas

de mi propia tempestad.

El polvo de la vida

me ha alejado

de la bulliciosa costa

donde tejen sus sueños

los mortales

y navego en el silencio

y a mi ritmo.

No sé que dios me condujo

a este infinito azul

donde muchos galopamos

sin orilla,

mas el fecundo océano,

olvidado,

me empuja

a seguir remando,

sustentándome en el viento

que, estridente,

tensa mis velas

y mi poesía.

Libertad

Libertad, en sí palabra,

y palabra plena.

Libertad de ser quien soy

en esta vida rara

que he sabido construirme.

Libertad para amarte 

sin que nadie lo entienda,

sin entenderlo yo misma.

Libertad para errar

asumiendo el peaje

de mi ruina.

Libertad para sobrevivir 

al silencio de ripios ampulosos

reponiéndome en versos

y poesías.

Libertad para ser infiel

a mis verdades,

para rasgar con tinta

mi pasado.

Libertad para temerme

y adorarte,

para dudar y crecer,

para el fracaso.

Libertad total para escucharte

aunque pintes de negro

mis selectivos verdes.

Libertad para respetarte

aunque tu vida ordenada

me desprecie.

Libertad, en sí palabra,

y palabra plena

Noviembre

Sé que noviembre es esto:
lluvia, frío,
noche, viento.
Sé que siempre
estalla entre nosotros
en negro,
trasladándonos al duelo,
a la apatía, al desconsuelo.
Sé que las tardes nocturnas
son el reflejo del miedo,
de la inactividad vacía,
de la ausencia de proyectos.
Sabiendo ya
que este mes hiere,
miro a la niebla y pienso
en que hallo en la poesía
lo que hoy
me niegan los cielos.
Cobijémonos en palabras,
vistámonos ya de invierno.

Certezas

Debe existir un cielo
para las personas buenas,
debe existir un cielo
blanco, almohadillado 
y confortable.
Un cielo armónico,
con olor a trementina 
y a poesía,
sin luchas fratricidas,
sin dolor y ansiedad,
sin enfermedad y muerte.
Debe existir un cielo
para las personas buenas
y no, no es un anhelo,
ni una parda sugerencia; 
tiene que existir 
porque este maltrecho amor
tiene que ser recibido
más allá 
de los confines grises 
de la tierra.

Me queda la esperanza

Me queda la esperanza
de seguir viviendo a medias.
A medias del desastre
y de una mente despierta.
Anclada en un futuro sin calles,
ni espejismos,
en este presente enrarecido
que aun recuerda
como, por ejemplo ayer,
vestiste de ternura
mi sueño de poesía.

Me queda la esperanza
de que mis sueños de ser
no embadurnen en grises
mis ansias del mañana.
Que tu voz resucite
el recuerdo de los besos,
y que el tiempo de silencio
me ate a quien me ama.
Me queda la esperanza
de querer vivir a medias,
de que cada mañana
emerja dolorida
y me abrace al empeño
de seguir adelante.

Esperanza de vivir,
como si eso bastara.

Abril 2020

Abril se esfuma con un silencio gris
tan marrón como la calima de agosto.
Una calima densa, espesa, atronadora
que se rompe en la hostilidad azul
de una sirena temblando en la noche.

Mi Madrid es sombra de calma y muerte.

Mientras,
guerras cainitas
rompen el tejido necesario
de una sociedad en crisis
de identidad;
el individuo es el todo
y la nada más blanca.

La suma de desiguales
aleja las soluciones
a la par que reventamos
en exigencias
y, tras los cristales,
un verde exultante
de eterna primavera
conjura a los demonios.

Somos virus asesinando a un huésped
que se revela matándonos
y en ausencia de consensos
sucumbimos por igual
los que creen en la fuerza del yo
y los que amamos la lógica del nosotros.

Clama Madrid calma
ante la distopía
del presente.

Clama Madrid y no sabemos
llorar,
ni tan siquiera,
a nuestros muertos en paz.

A un amigo

No emborrona tus ojos
la blanquecina luz
de un Madrid navideño,
ni las estridentes luces
de los villancicos.

No ennegrece el sol
de tu dolorida mirada
el rumor de los festejos,
la algarabía y la fiesta.

No enturbia tu ironía
el transcurrir de las horas,
los silencios, los recuerdos,
la abominable nostalgia.

Nada, absolutamente nada,
rellena en mi alma
el vacío de tu ausencia,
tu silencio fortuito
se quedó para siempre
y anhelo tus temores
como detesto los míos.

Te llamó la tierra pronto
y te obligaste a escucharla.
Huiste de este derrumbe
que puebla la enfermedad.
Ni te acompañó el universo,
ni te comprendía tu cuerpo
y ellos, los otros,
pasaban por ti
sin apenas percibirte
(tú disfrazabas ausencias
como quien ya está saciado).

Has cerrado el diafragma
en el que habito
al desmontar el filtro de tus ojos
y aquí quedo
perdida en la ceguera
oscura del abismo.

Poco me enriquece más
que el sabor de tu recuerdo,
en este mundo alineado
que degrada al diferente.

Quiero arrancar del suelo
aquello que ellos no vieron
y afianzarlo en mi cintura
para que vele mi sueño.

Contigo seguiré rodando
aunque te hayas ido tan lejos.

Tiempo de Navidad

Permitidme que me emborrache
de Navidades pasadas
para pintar de alegría
las que aún hoy
se aproximan.

Dejadme que me revista
de aquellos tiempos
cuando los muertos no eran míos
y el dolor era de otros.

Quiero leer el aire frío
condimentado en pestiños
y evocar “campanilleros”
a través del Google Home
que redescubre recuerdos
en un tono más metálico
que sentido.

Quiero inspirar, como siempre,
las canciones, la guitarra,
los sueños que compartimos,
los deseos, la esperanza.

Quiero redescubrir el hoy,
enfundado en un pasado,
dulce y noble,
quiero redescubrir un hoy
proyectado de mañana.

Soy quien soy porque un día
alguien se asomó a mi corazón
y me quiso.
Soy quien soy
porque en el ahora
aún me siguen queriendo.

Brindo por una Navidad
de inocencia renovada,
de promesas por cumplir,
donde los que están conmigo
luchen a mi lado
frente a mis viejos amigos:
el miedo y la ignorancia.

Brindo por un pasado amable,
por un presente en pelea
y por un futuro en el que nada
limite mi esencia.

Y brindo por todos vosotros,
compañeros de viaje,
que pintáis en verde tierno
las rejas de mi propia cárcel.

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