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un café y un poema

Crédulos

¿Qué nos hace creer que
ahora
vivimos la verdad?
¿Qué nos hace suponer
que este es
el mejor de los tiempos?
No aprendemos nada,
no sabemos nada,
no entendemos nada.
Vivimos,
sólo vivimos,
en gris involución un día,
en amarillo ostentación otro
y en verde promesa
los más
pero sin lógica.
Nos manipulan,
nos humillan,
nos cercenan.
Nos narran como absolutos
las simples estimaciones
y somos crédulos.
¿Tenemos la información
y la esperanza
o sólo somos borregos
alineados en pantallas?
No sabemos nada nuevo,
seguimos sin entendernos
sin saber adónde vamos.
No pensamos,
sólo reptamos en un mundo
que creemos predecible…
y despistados…
los fantasmas se hacen fuertes
mientras bajamos los brazos.

Línea

Una línea nítida
me separa del pasado.
Una línea oscura
garabateada en grises
que segmenta mi vida
en dos.
No hay camino
que atraviese la frontera,
sólo recuerdos difusos,
manchas de color
más allá de las sombras.
Transfigurada
tras la barrera
aún se define tu imagen.
Envalentonada
en el abismo
de mi memoria,
tu luz de antaño
redibuja cada día
mis ensueños.
Estás más allá
de mi universo,
de este universo real
y cotidiano
que hoy construye
mi futuro.
Estás tan lejos
que en días como hoy
no sé si te inventé,
si te cree yo sola.
Estás tan lejos
que mi ansiedad
es sólo un
acorde
monótono
que acomoda
mis silencios.

Jueves Santo

Mi Dios,
es un Dios de Jueves Santo,
de familia, de torrijas, de esperanza.
Es un Dios que hoy
me trae el recuerdo vívido
de mi madre
acicalándose feliz para ir a la iglesia
el único día
en que se sentía representada.
Mi Dios,
es un Dios de amor
entre iguales y distintos,
un Dios que escucha al triste
y al incauto,
al ajeno y al pobre,
al optimista
y al desesperado.
Mi Dios,
es un Dios que lucha en rebeldía,
que busca la justicia social para los pobres.
Un Dios contestatario
que no acepta el consumismo y la falacia,
la mentira orquestada
de las procesiones.
Mi Dios,
es un Dios silencioso e intimista,
con el que hablo a solas
cuando mis palabras
romperían la calma
de aquellos que aún me aman.
Mi Dios
es un Dios que me obliga
a ser más justa,
a no desfallecer nunca
aunque la vida
me incite
a una oscura danza macabra.
Mi Dios,
es este Dios de Jueves Santo,
que dibuja el amor y la lucha
en nuestros silenciados
corazones,
ansiosos sin más de esperanza
y calma.

Se agostará también esta primavera

Se agostará también esta primavera
como se perderá ese brillo
anhelante en tu mirada,
ansiosa por cambiar un mundo
recién descubierto.
La explosión de colorido de estos días
se desvanecerá también
como tus sueños
en futuros prodigiosos
en los que eres protagonista.
Pasarán estos días de contrastes
de lluvias soleadas y
fríos cálidos.
Y no será importante,
sin embargo,
que las noches cálidas de abril
se hagan tropicales.
Lo fundamental será que el otoño
dé sus frutos,
que la lujuria vital de estas mañanas
redunde en una vida plena,
y que unas raíces sólidas
estructuren el futuro.
Se agostará también
esta primavera,
aprovecha,
reinventa tu mirada
para el invierno.

 

 

 

 

Guitarra

No tañe la guitarra
en el silencio de la noche
por un amor desgraciado.
No araña
con su quejumbroso latir
el alma del que escucha
por una decepción lógica.
Cada acorde
ahoga un latido
de un corazón muerto
de soledad eterna,
de vacío vital,
de desengaño.
Cada nota
emula la destrucción de la fe
en un futuro piadoso.
El quejido redunda
en el misterio de un alma
que dejó de ser
para convertirse en viento.

Arrugas

Comisuras abigarradas
de labios grises,
ojos hundidos,
párpados como telones
opacos;
vidas congeladas entre pliegues
que miran a lo finito
con sed de perpetuidad.
La mirada traslucida
refleja calma,
experiencia,
emociones ahogadas
por el tiempo hostil
que nos cercena.
La espera es silencio,
el pasado un todo que forja
lo que somos.
El hoy inconcluso
por ajeno
y en el futuro, la paz.
Quiero que mi mañana
rezume la serenidad
de proyectos cumplidos,
de balance en verde,
de sueños renovados.
Quiero que mi mañana
reafirme en cada arruga
que fui quien debía ser
pese a mi ignorancia.

 

 

 

Mundo extraño

Aunque me gustaría revestirme
de pura esencia
y transmitir en blancos nítidos
ese yo que trasciende
de la lucha cotidiana,
me enredo en la rutina
sin encontrar mi alma.

No consigo ver más que un “aquí”
y un huidizo “ahora”
que define las paredes de mis miedos,
arrojándome al soliloquio
de una aurora maltrecha
de dolores y agonías.

Mas la involución avanza
y  este mundo no encuentra un objetivo,
un proyecto solidario,
que aúne soluciones
y desvirtúe conflictos.

No quiero tener que elevar
mi voz sobre la masa,
no quiero mi verdad como absoluto.
Ansío sumar experiencias
y respuestas
en un mundo
que sea más que una suma de egos.

Pero sigo aquí,
callada y resilente,
recreándome en mis
personales padeceres,
amordazada en mi ser
ensimismado.

Sin nada que ofrecer
paso mis días
y sólo sé quejarme
ante un mundo extraño.

Cuando despeje la niebla

Cuando despeje la niebla
volveré a entender el silencio
de tu mirada,
la vacilante inseguridad
de tus manos y tus esperanzas
crédulas en mí.

Cuando despeje la niebla
mi cuerpo rebelde
será armonioso,
mis músculos responderán
a mi cerebro
y el halo de locura que modula
mis acciones
sucumbirá derretido por el orden.

Sí, cuando la niebla despeje,
mi voz desmontará los agudos,
mis ojos desvirtuarán las sombras
y mis oídos resucitarán el silencio.

Cuando despeje la niebla
volveré a ser quien fui
y no recuerdo,
y la bruma y el gris anodino
serán luz y color,
poesía y presente,
esperanza y pasión.

Mi universo me espera,
tan solo a un paso
más allá de la niebla.
 

Frío

Hoy hace frío en la calle,
un frío blanco, gélido, seco,
iluminado por el sol radiante
de mil eneros en Madrid.
Un mundo eterno
palpita melodías pausadas
de ciudadanos comunes
que abrazan sus zamarras
camino del trabajo.
Tras la ventana,
Madrid se desperaza
confundiendo en rutinas
la ansiedad de cambios.
Mi café tiene el regusto
de la premura
de aquellos tiempos
de despertares rápidos,
de urgencias,
de apuestas renovadas,
de proyectos,
de ambición.
Mi café tiene el regusto
del pasado ignorado
y del presente alerta.
Hoy hace frío en Madrid
y cada sueño se congela,
expectante y acobardado,
ante lo que queda por vivir.

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