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un café y un poema

Música

Explorando en el tiempo tu recuerdo
rememoro el compás de aquellas notas
que rompían viejas armonías
para imponer un ritmo distorsionado
de las horas.

No valía entonces la poesía,
la vida se imponía con tal fuerza
que la palabra quedaba enmudecida
asombrada ante el ritmo de las cosas.
Los acordes resonaban novedosos
y el eco de tu voz engrandecida
generaba polifonías ambiciosas
que evocaban la magia renacida.

El tiempo, cárcel estable,
moduló sin más las melodías
y el eco de aquel tiempo reverbera
en sueños y promesas incumplidas.
Quedamos tu y yo ahora en el preludio
de un adagio que intuye entre susurros
la palabra que ha perdido la osadía
de aquel ritmo valiente y desgarrado
que apuntalaba los cimientos de mis obras.

Otra vez

Otra vez.

La noche se condensa nítida
entre los enfermizos campanarios
quejumbrosos por tantas noches de olvidos.
Hay un lamento en el espacio
que separa el inmenso universo
que construye mis múltiples existencias.
Lamento ahogado que no ha de ser
sino goce de estar viva
y de que la luna brille
y de que deslicen las lágrimas
su agridulce sabor a realidad.

Otra vez.

El barco emigra del océano
para condensarse en tierra
y ser un ser serenamente estéril.
Errante travesía que ha de ser
el perfecto reflejo de tantas ausencias
que al recrearse construyen nuestro ánimo.

Otra vez.

No hay mudez que resista
el monótono crepitar de las hogueras
fuegos de noche que no han de ser
sino resonancias marchitas de aquellos embrujos,
vahos perpetuos del que ama ser más Dios
y menos proyecto.

Otra vez, llueven días, semanas, años…
y mis manos siguen deslizándose
entre la nada para ser
esto: ilusiones de noches vagas en calma.

Deberías

Deberías echarme de menos,
añorar mis manos
como yo extraño tu sonrisa,
remover el café
recordando nuestro aroma,
vagar por las calles duras
recordando mil encuentros.

Deberías no olvidarme,
amanecer al alba
dibujando mi mirada,
enrabietarte de celos
al no tener mis besos,
ensordecer el universo
recordando mis palabras.

Deberías anhelarme
porque ayer, algunos días,
no necesitamos un mañana
para sentirnos felices.
Porque nos hicimos juntos,
porque sumamos quimeras,
porque nos sentimos uno
al margen de la nostalgia.

Deberías echarme de menos,
yo camino en la demencia
de sentirme fugaz y sola
y necesito sentir
que aún, sin saber porqué,
me amas.

Recuerda

No he compartido mi alma
con tu cuerpo
en noches como esta, silenciosas,
para que el futuro desmigaje
un suspiro mortecino
hacia la aurora.

No te di
todo aquello que fui
en mi ignorancia
para sentirte ahora entristecido,
amortajado y débil
en tu insólito destino.

Perdiste el reflejo de mis noches,
la sonrisa sin más,
el pulso firme
que desvirtuaba en rojos
la alegría
y te consumes, pavesa,
en decepciones
marcadas por el devenir
de los días.

Recuerda camarada
como soñamos palabras
cuando un futuro eterno
sostenía las miradas
y revive el eco sordo
de quien fuimos
que yo sé aún bailar
las madrugadas.

Alborada

El aroma sutil de la rutina
pinta en grises un presente
sin mañanas.

Los besos agostan el recuerdo
y se desvirtúan ajenos a la música tenue
de tantas batallas perdidas,
de tantas conquistas ganadas.

Los proyectos son ya
pequeños retos cotidianos
y la esperanza se condensa
en cuatro gotas
demasiado modestas
para ser narradas.

La poesía ya no es épica,
sólo constante,
afilada en la fugacidad y el tedio
de ser uno más,
sin glorias ni proezas.

Aún así, el tiempo venidero
me exige actitudes proactivas
en combate
con un cuerpo enrabietado.

Añorando tu amor,
aún quedan fuerzas,
exhaustas, sometidas, alienadas,
que me recuerdan quien fui
cuando mis manos
aún construían castillos de añoranzas.

Con esa carga de fe,
aún sigo viva, y pintaré en verdes
la sonrisa fugaz de la alborada.

Desafío

Demasiado gris como para ser verde.

Esta obscena melodía
del fracaso
redescubre los pesos silenciosos
de la rutina
que conduce hacia el ocaso.

No es suficiente, no,
ni el amor, ni la poesía
para que superes el conjuro
de la muerte,
la concupiscencia malsana
de un paso del tiempo
que te hace sucumbir a la miseria
de sentirte infinitamente material
y desdichadamente humano.

Mi amor conjuga participios
mientras confiesa que los gerundios activos
son el mejor talismán
contra la fugacidad y el hastío,
pero tú siempre
entretejiendo pretéritos
olvidas la belleza de futuros posibles
en los que es absurdo combinar condicionales.

Por tanto esperaré el verde
mientras que el gris siniestro
penetra en el vacío
del absurdo silencio que has creado
en tu visceral anhelo
de centrarte en ti mismo
para redescubrirte.

… Y te esperaré,
Claro,
por mucho que la indecente tensión
de tu abandono
ahogue mi espíritu optimista.

Esperaré tu reencuentro
porque confío en que el tiempo
te haga vencer el desafío
que te devolverá a mi renovado.

Atapuerca

Un nómada deambula
por la llanura burgalesa
buscando con qué alimentarse.

Antecesor necesita encontrar
dónde guarecerse,
con quién amar,
cómo adquirir nuevos recursos.

La planicie es hostil por la noche
y cálida en el día.

El nómada la observa con respeto
y cariño. La conoce,
la sueña en duermevelas
angustiadas por el frío.
Es el espacio
donde entreteje su destino.

Me entremezclo en sus anhelos
mientras soy yo hoy quien ruedo
por los castellanos campos.

Soy yo quien busca cobijo,
quien atesora recursos,
quien añora el amor
mientras busco mi sustento.

Mi cráneo también podría oxidarse
en la sima de los huesos
para que mañana alguien fabule
con mi historia.

Un estrato más de un mundo
que al construirse se deshace.

Lluvia primaveral

Se despereza la mañana entre borrascas,
aroma primaveral que desvirtúa
certezas y ansias de sol.

El mundo camina protegido
en telas coloridas,
se recoge
en la intimidad egoísta del paraguas.

La pausa de un festivo lluvioso
transfigura un Madrid tranquilo,
etéreo y nebuloso.

Renace esa ciudad callada
que reniega del estrés y de las prisas.

Mientras
mi alma, ennegrecida en ansiedades,
absorbe la rutina de las gotas
y ve colorear en verdes los jardines.

Mi mano aún escribe
y mi corazón todavía sueña
pidiendo a la rutina en la ventana
esa calma sutil
que ahogue el miedo.

Fantasmas

El susurro de tus pasos
tras mi huella en el camino
me recuerda aquello
que me ha robado el tiempo.

El tiempo que nos hace y nos deshace,
que nombra la vida,
que nos sitúa, nos condena
y nos provoca.
Ese tiempo que no es nada,
como la nada es el cuerpo.
Sensaciones, percepciones,
falacias de la realidad que somos,
consciencia única y universal
deshilachada.

Eres,
tu trascendencia es mi vida.
… y aunque no lo sepas
rodamos juntos.

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