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un café y un poema

Madrid en verano

En amarillo tórrido se pintan
los campos castellanos
en días extenuantes como este.
Un amarillo chicharra que contagia
los parques y los árboles madrileños,
provocando que gorriones y urracas
enmudezcan su piar a la hora de la siesta.
El tiempo se consume asfixiante
en una ciudad maldita en el estío.
En Madrid, julio y agosto transcurren
cansinos, pesarosos, agotados,
silentes en el calor y la fatiga.
Unas almas urbanas aprenden a buscar
en la noche un compás residual de algarabía,
invaden terrazas y aceras,
buscan sentirse vivos mientras el reloj
marca las horas de una oxidada madrugada.
Madrid es otra en verano,
no es ciudad convulsa y frenética,
es un paréntesis estanco ajeno a la productividad.
Madrid es sopor y sueño,
un prodigio de ambiciones
de verdes calmos y lluvias benditas.
Madrid en verano es, simplemente,
un deseo de invierno.

Fuego

Roja,
roja fue la pasión en tus ojos
y el fuego de tus labios.
Rojo,
rojo el compartir tu aliento
y abrazar tu cuerpo ardiente.
Tan solo naranjas las realidades
concretas y los sueños de futuro.
Amarilla la distancia
estridente en abandonos.
Negra la soledad del hoy,
consumida entre cenizas.
Gris tu ausencia, amor,
en un paisaje sin rescoldos.

Vivir

Lo extraño es seguir viviendo
en un cuerpo tan preciso
en el que la imperfección es norma.

Vivir, mientras una neurona oxidada
se enfrenta sin remedio
a un cataclismo,
cuando una célula envejece
y otra se multiplica sin coherencia.

Vivir, cuando el aire tóxico
embriaga los pulmones
y el estrés nos bloquea las arterias,
engordando de soledad
nuestras desilusiones.

Lo extraño es vivir
frente a los riesgos.

Esa es la poética,
ese instante fugaz que es esta vida
en la que somos
y anhelamos que seremos.

La magia es lo relativo.

Si nos dieran el don de lo perpetuo
y perdiéramos el miedo,
calmáramos la ansiedad
y el orden fuera nuestro compañero,
sin duda,
estaríamos muertos.

El valor de que todo sea impredecible
es lo que nos hace vivir cada momento.

Amigos

No me mientas, por favor,
no me engañes.
No enturbies mi mente con palabras
que no quiero,
no confundas mi alma
con ensoñaciones.
Al verme en ti quiero ser reflejo
puro de quién soy,
de cómo soy,
de qué añoro.

Ellos ya me etiquetan,
ellos ya me encasillan,
ellos ya me integran en un molde
definido al margen de mí,
que me normaliza.

Mas tú no, compañero,
tú camina conmigo en mis desdichas,
comparte mis duelos y mis aspiraciones.
No me engañes y prometo compensarte
siendo un espejo claro ante tu vista,
esbozaré quién eres entre otros
y tu imagen será por fin tu estímulo
para pintar de verdes, madrugadas
y para pintar en rojos, rebeldías.

Mi Hogar

He nacido aquí,
en un suburbio madrileño,
blanco en invierno y amarillo
tórrido en verano.

Esta ciudad castiza
es universo,
un cosmos en sí mismo
que integra y desintegra
a ciudadanos todos
de un sinfín de mundos.

Aquí he amado, a ratos,
y he odiado escasas veces,
me he convertido en ciudad
y he buscado mi estandarte.

Mi casa la encuadra
una estructura de hormigón
similar a tantas otras,
reflejo de un urbanismo
de siempre mal ideado.

Mas mi hogar es otra cosa,
es ese universo
de sueños compartidos
y anhelados
que rezuman quién soy yo
frente a mi entorno.

Para cimentar mi vida necesito
una mano amiga y una sonrisa,
un sueño, una quimera, una utopía
 y un verso compartido en el reposo.

Como esclava de mi cuerpo
me dejo llevar por esta ciudad hostil
que a mí me ofrece
un rincón donde ser quién soy
entre los otros.

Pero, sobre todo,
me ofrece una caricia,
unas cañas al sol y aquella risas
que son mi energía vital.

Mi ciudad no se construye por calles,
carreteras asfaltadas,
edificios, puentes, parques…

Mi ciudad la creas tú cada día
y a tu lado está todo
en lo que me reconozco.

Cada cosa que ves son dos cosas o tres

Con el paso de los siglos
los ricos y adinerados
han buscado explicaciones
para la que nos han liado.

Al principio prometieron
que el capital es de todos
y que si trabajábamos mucho
lograríamos nuestro ahorro.

Mas los años ya transcurren
y lejos de aproximarnos,
los pobres somos los mismos
y los ricos, otro tanto.

Aún así, en estos tiempos
de endemoniada locura,
sí hemos llegado a alcanzar
un poquito de cultura.

Tenemos iPads y redes,
Twitter, Facebook y demás
y sin esfuerzo aparente
ya estamos en la verdad.

Pero el poder hoy se ha asustado
y teme la posibilidad
de que consigamos la experiencia
que todo este mundo nos da.

Por eso y para evitar riesgos
han inventado a conciencia
un auténtico prodigio
que hace caer las certezas.

Lo han llamado postverdad
y con este mecanismo
hacen verdad lo que quieren
y nos empujan al abismo.

Nos hace dudar de quién somos
de si sale el sol a diario,
y tiemblan nuestras confianzas
y así transcurren los años.

El futuro, compañero,
está en sí en que sepamos
ver entre la espesura
lo que es verdad y que es falso.

Dos orillas

Maestro

Un día descubrí
un mundo más allá de mis ojos
al conocer tu mirada.
Esa mirada limpia
que veía más lejos de lo que yo
era capaz de imaginar.

Nada fui hasta entonces.

Conducía mi vida por un camino
cotidiano y convencional,
casi perfecto.
Era tan perfecto que nada dolía,
lo extraño, lo ignoraba
y en ausencia de pensamiento crítico
mi alma simplemente sesteaba.

El día que rozaste mi vida me inundaste
de duda y de poesía,
de sueños viejos de locos filósofos,
de dimensiones paralelas,
de cálculos desenfrenados
y de literatura.

Hoy soy como soy
porque tú un día
enfocaste mis ojos
hacia un infinito
eterno y nebuloso,
hacia lo fugaz y lo constante,
hacia mi yo y el yo de los otros.

Maestro, compañero,
en mi deriva,
me enseñaste a aprender
en un mundo sordo.

Agua

El crepitar líquido 
de fuego del agua 
recorre un camino sinuoso.
Va y viene,
emerge en caudales descendentes,
se estanca, se acelera 
o se reposa.
Colorea de verdes 
campos amarillos de labranza
desmigaja guijarros,
acompaña a poetas.
Y en su sonoro rodar
clama al silencio
del telúrico deambular 
de nuestras voces.
Tal y como sumerges de vida 
ese destino 
que te dirige a un mar
que te enaltece,
insufla de primitivo oxígeno
mis redes
para avanzar por mí misma,
cada día,
entre los hombres.

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