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un café y un poema

Dibujo

Dibujo mis palabras

como quien escribe un cuadro.

Despacio, sosegada,

dolorida,

observando cada línea,

desde lejos,

como si fuera

un punto de fuga que… se escapa.

Incluso, juego

con armoniosas policromías

que diluyen el peso

de cada palabra,

de cada pincelada.

Dibujo mis palabras

y converso con mi cuerpo

y me dejo llevar por sus

desconexiones

(absenta barata

para quien esboza un presente

ajeno al caos

que lo delimita).

Escribo el cuadro de mi vida,

y en el claroscuro del trazo,

redescubro la importancia de los nombres

que entintaron de luz

mis más tristes veladas.

Infinito azul

No diviso la tierra

desde este mar

en que me hallo sumergida.

No diviso la tierra de los otros

sino como una fábula lejana

que se proyecta en las olas

de mi propia tempestad.

El polvo de la vida

me ha alejado

de la bulliciosa costa

donde tejen sus sueños

los mortales

y navego en el silencio

y a mi ritmo.

No sé que dios me condujo

a este infinito azul

donde muchos galopamos

sin orilla,

mas el fecundo océano,

olvidado,

me empuja

a seguir remando,

sustentándome en el viento

que, estridente,

tensa mis velas

y mi poesía.

Libertad

Libertad, en sí palabra,

y palabra plena.

Libertad de ser quien soy

en esta vida rara

que he sabido construirme.

Libertad para amarte 

sin que nadie lo entienda,

sin entenderlo yo misma.

Libertad para errar

asumiendo el peaje

de mi ruina.

Libertad para sobrevivir 

al silencio de ripios ampulosos

reponiéndome en versos

y poesías.

Libertad para ser infiel

a mis verdades,

para rasgar con tinta

mi pasado.

Libertad para temerme

y adorarte,

para dudar y crecer,

para el fracaso.

Libertad total para escucharte

aunque pintes de negro

mis selectivos verdes.

Libertad para respetarte

aunque tu vida ordenada

me desprecie.

Libertad, en sí palabra,

y palabra plena

Aporofobia

Más allá de la esperanza
renace un mundo
sometido a eternas tensiones.
Un mundo visceral en egoísmos
que vuelve a estigmatizar,
como siempre, al pobre.
No ha servido de nada la ruptura,
sentirnos débiles, mortales, indefensos..
Volveremos a retomar arcaicos caminos
y, henchidos de supremacía,
comenzaremos a rodar
ignorando grises errores.
Retornamos a ser lo que tememos,
sin un pasado aprendido
donde cimentar las decisiones.

Aroma

En la primaveral lluvia de ayer,
olí a mi madre
y un regusto de infancia
atronó entre mis manos.
El aroma del ozono
absorbió el tiempo
y un equilibrio estático
de energía
inundó mi cuerpo
en un perfume de paz.

Abril me asfixia siempre
y ya no tengo
el arrullo de sus brazos
para quebrar el misterio.

Abril me desmigaja siempre
pero ayer mis sueños
atravesaron la mortaja
de la vida
para atraparme en sus manos.

…y me dejé llevar…
Y en el viento y en la lluvia
sentí que en el infinito un amor
espera y se asienta
más allá de los años.

Noviembre

Sé que noviembre es esto:
lluvia, frío,
noche, viento.
Sé que siempre
estalla entre nosotros
en negro,
trasladándonos al duelo,
a la apatía, al desconsuelo.
Sé que las tardes nocturnas
son el reflejo del miedo,
de la inactividad vacía,
de la ausencia de proyectos.
Sabiendo ya
que este mes hiere,
miro a la niebla y pienso
en que hallo en la poesía
lo que hoy
me niegan los cielos.
Cobijémonos en palabras,
vistámonos ya de invierno.

Certezas

Debe existir un cielo
para las personas buenas,
debe existir un cielo
blanco, almohadillado 
y confortable.
Un cielo armónico,
con olor a trementina 
y a poesía,
sin luchas fratricidas,
sin dolor y ansiedad,
sin enfermedad y muerte.
Debe existir un cielo
para las personas buenas
y no, no es un anhelo,
ni una parda sugerencia; 
tiene que existir 
porque este maltrecho amor
tiene que ser recibido
más allá 
de los confines grises 
de la tierra.

Me queda la esperanza

Me queda la esperanza
de seguir viviendo a medias.
A medias del desastre
y de una mente despierta.
Anclada en un futuro sin calles,
ni espejismos,
en este presente enrarecido
que aun recuerda
como, por ejemplo ayer,
vestiste de ternura
mi sueño de poesía.

Me queda la esperanza
de que mis sueños de ser
no embadurnen en grises
mis ansias del mañana.
Que tu voz resucite
el recuerdo de los besos,
y que el tiempo de silencio
me ate a quien me ama.
Me queda la esperanza
de querer vivir a medias,
de que cada mañana
emerja dolorida
y me abrace al empeño
de seguir adelante.

Esperanza de vivir,
como si eso bastara.

Abril 2020

Abril se esfuma con un silencio gris
tan marrón como la calima de agosto.
Una calima densa, espesa, atronadora
que se rompe en la hostilidad azul
de una sirena temblando en la noche.

Mi Madrid es sombra de calma y muerte.

Mientras,
guerras cainitas
rompen el tejido necesario
de una sociedad en crisis
de identidad;
el individuo es el todo
y la nada más blanca.

La suma de desiguales
aleja las soluciones
a la par que reventamos
en exigencias
y, tras los cristales,
un verde exultante
de eterna primavera
conjura a los demonios.

Somos virus asesinando a un huésped
que se revela matándonos
y en ausencia de consensos
sucumbimos por igual
los que creen en la fuerza del yo
y los que amamos la lógica del nosotros.

Clama Madrid calma
ante la distopía
del presente.

Clama Madrid y no sabemos
llorar,
ni tan siquiera,
a nuestros muertos en paz.

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