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un café y un poema

Lluvia primaveral

Se despereza la mañana entre borrascas,
aroma primaveral que desvirtúa
certezas y ansias de sol.

El mundo camina protegido
en telas coloridas,
se recoge
en la intimidad egoísta del paraguas.

La pausa de un festivo lluvioso
transfigura un Madrid tranquilo,
etéreo y nebuloso.

Renace esa ciudad callada
que reniega del estrés y de las prisas.

Mientras
mi alma, ennegrecida en ansiedades,
absorbe la rutina de las gotas
y ve colorear en verdes los jardines.

Mi mano aún escribe
y mi corazón todavía sueña
pidiendo a la rutina en la ventana
esa calma sutil
que ahogue el miedo.

Fantasmas

El susurro de tus pasos
tras mi huella en el camino
me recuerda aquello
que me ha robado el tiempo.

El tiempo que nos hace y nos deshace,
que nombra la vida,
que nos sitúa, nos condena
y nos provoca.
Ese tiempo que no es nada,
como la nada es el cuerpo.
Sensaciones, percepciones,
falacias de la realidad que somos,
consciencia única y universal
deshilachada.

Eres,
tu trascendencia es mi vida.
… y aunque no lo sepas
rodamos juntos.

XXI

La pantalla,
febril en actividad y ritmo,
me expone a un mundo
que no entiendo.

Tecleo un sueño
y me venden un producto.

Me codifican,
me catalogan,
me abstraen en números
y me definen.

Hoy las guerras
se declaran por Twitter
y nos maquillamos
para grabarnos a solas,
en el silencio de un corazón vacío
que quiere creerse
como se muestra.

Nos desdoblamos
y un yo público retahíla experiencias
más filmadas que vividas.

Sentimos en la luz del teclado
y nos recreamos en creer
que sabemos quiénes somos.

Mientras
un mundo sin valores involuciona
y lo que creímos eterno
se distorsiona,
en la frenética rapidez
de una nueva entrada.

Lo reflexivo es caduco
y la premura compartida del hoy
nos limitará el mañana.

Sombra

Si el ego del poeta
no ahogara las palabras,
podríamos ser el eco
de verdades escondidas.
Podríamos susurrar
al oído del que escucha
versos de amor,
gritos de rebeldía,
susurros doloridos,
impulsos de vida…
del que tenemos al lado
e ignoramos.

Si el ego del poeta
no diera por perfecto
lo inconcluso,
podríamos llenar de palabras
un universo aislado
y divergente.
Daríamos voz al que calla
porque está solo,
insuflaríamos valor al cobarde
para la guerra diaria
de ser
en un contexto indefinido.

Si el ego del poeta
no nos amordazara,
seríamos fragmento de un mundo
que sin más nos necesita
para ser voz y nombre del entorno.
Seríamos parte de un todo que camina
y no testigos anodinos
de nuestras vacías derrotas.

Un mundo que no piensa
nos reclama,
mas seguimos adorando
nuestra sombra.

Mil abriles

Pesa en mi alma una constante rutina,
gris y macilenta,
que enturbia recuerdos
de quien ya no soy.

El primer estruendo de primavera
amplifica el eco de agonías antiguas y,
erradicado el miedo,
me sumerjo en la certeza de una nueva batalla.

Hoy se lidiar con todo esto, no como antaño,
cuando mi degradación era inasumible
y la ruptura constate con mi cuerpo
se vestía de esperpento.

Hoy la certeza manda y tranquiliza.
Profunda contradicción
en la que al ser real el miedo,
se desvirtúa.

La reiteración asfixia el pánico
y este abril que llega
limitará aún más mis caricias,
quemando otra etapa
sometida a la evidencia.

Tengo

Ansío tu sonrisa
aunque tengo tu palabra.

Esa palabra henchida de mundo
que reinventa la ironía.

Tengo esa duplicidad ausente,
esa esperanza quebrada,
tu poética de lo eterno,
la ilusión de tu mirada.

Tengo una invención de ti
que he creado en mis desvelos,
con la que hablo en silencio
cuando empieza la nostalgia.

Tengo tu abandono y tu esencia,
trascendida de este cuerpo
que lucha con lo innombrable.

Tengo un pasado en común,
sin proyecto de un mañana.

Apunte

Mi ojo a la calle
filtra de nuevo en luz la algarabía
de los juegos infantiles.

En verdes y malvas despuntan
unos árboles tristones
hastiados ya del frío invierno.

Vuelve la vida a pintar de color
la primavera,
esperanza renovada de los sueños.

El ciclo arranca y despertamos
henchidos de sol y mariposas.

llegará el estío,
mas hoy me vestiré de brote tierno
para cantar a la vida que renace.

Bacanal de alegría sustentada
en el retiro calmo de la noche
que de puro oscuro, me enmudece.

El tiempo nos sigue alejando
del murmullo obstinado de lo eterno
y nos descubre fugaces e incompletos.

La voz del olvido

Por una vez
deja que susurre en tu oído
un grito silencioso,
que clame mi alma la injusticia
de sentirme débil y encarcelado.
Quiero que el peso de mi angustia
roce tu retina y anule
el crepitar de la monotonía.
Quiero hacerme eco del silencio
en el que vive la pobreza
y la injusticia.
Quiero ser la voz del olvido.

Olvidados somos aquellos incapaces
de construir nuevos retos,
aquellos que dependemos,
aquellos que no vivimos en plenitud.
Olvidados somos quienes sabemos
que el esfuerzo no es la respuesta,
que no basta la pelea
para sentirnos humanos.
Olvidados somos los que no podemos.

Una sociedad enferma
nos observa con ojos temerosos
y nos niega el aire y la paz.
Una sociedad enferma nos ignora
y nos anula.

Cada nueva herida rompe la tregua,
cada nueva esperanza rota destruye
el equilibrio,
cada persona olvidada es un abismo.

Mañana serán otros a quienes ignoren,
otros caerán desprovistos de defensas.
Mañana puedes ser tú…
Y cuando caigas
no me busques para que te conforte
yo ya no tendré voz,
y al destruir mi hoy
estará muerto para siempre tu mañana.

Espejo

En cada espejo,
contundente sentencia,
observo una visión de mí
que ni imagino.
Ojos, cara, boca, nariz…
Son como siempre,
tan solo un poquito envejecidos.
La parte silente de mi cuerpo
reposa tranquila y aparente
en un contexto equilibrado
y anodino.

Mas al poner atención en mi mirada
es cuando se observa
un universo en duelo,
quebradizo,
que de tanto mirar dentro
ha perdido la viveza de otros días.
Este aura gris que me oscurece
la engalano en la mañana con sonrisas
y en esta paradoja extraña que es reflejo
procuro alejarme de agonías
y renazco y me descubro, viva y rota,
ante el reto de ser,
sin más mentiras

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