Buscar

un café y un poema

A una sonrisa

En días soleados
he perdido una sonrisa.
Una sonrisa blanca,
serena, trascendida de dolor.

Acompañaba mis días,
mis tristezas, mis desvelos.
Daba respuesta a mis dudas
y ponía nombre a sensaciones
que yo sólo conseguía intuir.

He perdido una sonrisa
como perdí la de otros,
otros luchadores rebeldes
ante una causa injusta
que nos domina la vida.

Juntos nos hemos enfrentado
a un todo incomprensible e ingrato
y juntos hemos avanzado
y, en ocasiones, perdido.

Cuando llega el miedo y
me asfixia las neuronas,
cuando el bloqueo paraliza mi cuerpo
y mi risa se esfuma,
aún continúo buscando en redes
las palabras de Luis,
áquel que en un principio me dijo
“esto no es fácil amiga”
y me prestó una mano onírica
para combatir unidos el dolor.

Hoy ya vuelas por encima de nosotros
y tu cuerpo desgastado
sirve para encontrar la cura
a este agujero en nuestra alma.

El fragmento de mí que se va contigo
ríe en alto el encuentro de la calma.
Compañero, los que aquí quedamos,
seguiremos, como tú nos enseñaste,
luchando: por ti y en ti.

Vega

Mi pequeña princesa
ya tiene sueño
y su dulce madre
le lee un cuento.

Duérmete mil sonrisas
que llegará el alba
y cantaremos canciones
con la guitarra.

Mientras sueñas mi tesoro
pintaré un cielo
repleto de colores
contra tus miedos.

No habrá brujas ni monstruos
en esta noche
sólo habrá mil poesías
y mil canciones.

Mi pequeña princesa
cierra los ojos
que el ángel de los besos
te espera pronto.

Mañana mis manos fuertes
dibujarán un cielo
para que recorras caminos
siempre riendo.

No te despabiles mi cielo,
cierra los ojos,
que tu descanso es la paz
para nosotros.

Mira tu padre
cerrando ya las ventanas
para que el frío
se quede fuera de casa.

Duérmete ya mi niña,
cierra los ojos,
que tanto amor no nos cabe
entre nosotros.

Con el sueño que viene,
mi dulce reina,
el amor llegará
hasta la meta
de sonrisas felices
y besos cómplices
porque quiero mi niña
que nunca llores.

Distopía

Entretejiendo carencias
son muchos los que viven pobres.

Suman recursos exhaustos,
multiplicando milagros
para comer cada día.

La tarjeta de crédito sustituye a la de débito
en una proyección de deudas a futuro
de la que nunca salen bien parados.

Mientras tanto el que tiene
ve aumentar sus ingresos a golpe de crédito fácil,
en un mundo oscuro
donde se apoya a quien no lo necesita.

La pobreza bloquea el crecimiento.

Vivimos tiempos de parias como antaño,
inmigrantes, refugiados, enfermos y parados
se desvelan cada noche
elevando sortilegios a un cielo pretencioso
que les ignora.

En lugar de sumar, restamos
y en un universo de egos enfermizos
buscamos un yo ajeno al de otros nombres.

No hay música para esta poesía
solo un presente esclavista que nos somete
sin costes.

Dos Orillas

Búsqueda

Ansío saber más de ti
y comprenderte.
Entender que bulle en tu cabeza
cuando en la mañana
escuchas en silencio un mundo que florece.
Necesito saber porque tu mirada
se pierde en la distancia
cuando un rojo atardecer
interrumpe conversaciones vanas
y retóricas.

Quiero saber que hay dentro de ti
cuando callas.

Mas la máscara oculta el horizonte
y un saber estar preciso disimula interrogantes
a golpes de convencionalismos silenciosos.
¿Hay algo más? ¿O el paréntesis,
de sueños compartidos,
no es nada más que un eco de quien fuiste?
Busco el modo de aproximarme a ti
sin más excusas que saber quién eres
ahora
que me estás desapareciendo.

Nubarrones

Negros nubarrones estrangulan al ocaso
su ambición por ser protagonista.

Sucumbe el sol, superado por un viento
que erige su lamento como oda arrítmica.

Un destello de luz desgarra el cielo
presagiando un trueno demasiado estruendoso
como para ser armónico.

El gris mate cubre el campo saturado de estío
mientras los cimientos de hormigón,
donde reposan nuestros sueños urbanos,
se preparan ante un abismo de calma.

Las primeras gotas torrenciales y dramáticas
rasgan el reposo olvidado del polvo en las calles sedientas,
en este agosto una luz trémula eleva
una cadencia invisible que confunde el paso de las horas.

De nada sirve atesorar pues el tiempo
cuando la noche describe su entrada con el sigilo bronco
de aquel que, inevitablemente, espera su momento.

Quizás también pesa el hastío en mi verano,
hace años ya que desfallecieron mis verdes
ante la desgarradora luz que emana tu abandono.

Mi campo crepita también en el fuego
de un atardecer marcado por la decepción
de un presente sofocante y aciago.

El reflejo de la lluvia y la tormenta
rememora recuerdos de otros años
en los que la llegada renovadora del otoño
permitía ambicionar otros veranos.

Cuando tu presencia mustia el candor de mi mirada
y tu distancia sólo sofoca el ritmo sosegado de mis sueños,
no debo anhelar más que la ruptura
capaz de renovar el pesimismo pueril que me sumerge
en el abismo de mi propia autodestrucción.

¡Qué llueva entonces, sí, y se estremezcan
las paredes que construyeron nuestra casa!

¡Qué tiemble el mundo y que el sonido de la tormenta
me permita de nuevo concienciarme de mi alma!

Septiembre

Hoy,

cuando al verme me llaman señora,

aun rezuma en mi alma

un espíritu quebradizo y adolescente

que se siente joven y en proyecto.

El espejo es solo una alucinación

que distorsiona sentimientos

en una imagen cuasi cincuentona.

Hoy,

que ya he vivido más de lo que viviré,

aún me embarga el embrujo de otras vidas,

otros sueños, otras esperanzas.

Desventuras cíclicas de quién quiso ser poeta

cuando el mundo le guiñaba un ojo

coqueteando en su presencia.

Hoy,

que soy esclava del tiempo,

aún no entiendo casi nada de la vida,

las personas me sorprenden

y tengo un ansia de saber tan desasosegada

como eterna.

Hoy,

que un cigarrillo aún consume

minutos de añoranza,

volveré a comenzar un nuevo ciclo vital

sabiendo que me espera, como siempre,

ir, poquito a poco, desvaneciéndome.

Días

Soy lo que ves, más o menos,
aunque en tiempos de lujuria contenida
desfallezco, simplemente, en el silencio,
parezco ajena a realidades diferentes
y disimulo ser como soy mientras te observo.
Soy, más o menos,
así como me presento en redes sociales,
poemas y diatribas:
una mente activa en un cuerpo maltrecho.
Me busco, me dibujo, me comparto,
hago comprensible un yo desmigajado y fuerte,
social, complementario, seguro y equilibrado;
que avanza hacia una meta definida,
sólida y concreta.
Más otros días soy más yo que nunca y
me retuerzo en ansiedades oxidadas
tan viejas como el mundo es viejo.
Olvido los pinceles que han trazado mi imagen
y me enfrento sola ante el mar tumultuoso,
finita y desbordada,
errante y dividida
… Y dejo de saber quién soy
o quizás me conozco más que nunca.
Me enseñaron a vivir en un entorno
que no me pertenece,
me enseñaron a acomodarme
en una realidad injusta,
me enseñaron a ser como soy entre los otros.
Aún así me quedan días
de verdes en la retina,
de amarillos en las manos, de rojos en el alma.
Días de esos rebeldes
en los que soy al margen de lo que somos,
intradías profundos,
desangelados, taciturnos, erráticos y divididos,
días impropios en los que no me comprendes,
mas da lo mismo, tampoco yo consigo entenderme
y en esa hostilidad racional
soy, más que nunca, lo que ves
aunque no tenga sentido.

Sin respuesta

Los verdes álamos entreveran
trazas azules de un cielo calmo.
Un apunte rojizo intuye,
entre sombras amarillas y ocres,
que llegará un nuevo otoño.
El mundo sigue avanzando
como contexto rítmico
de nuestro devenir.

La tierra agostada goza hoy
de un viento nuevo, serrano,
purificador y armónico,
que relaja la estridencia sofocante
del calor del verano.
Y, aunque este hoy
siempre es inconcluso,
intuimos un mañana más activo
de rutinas otoñales
entre el sueño y el asfalto.

Las expectativas de futuros sueños
tiñen hoy de malva mi mirada,
mientras mis palabras silentes
acompañan en la mañana
el rodar de mis piernas.
Todo me inspira poesía,
una poesía onanista
que muere cuando nace
porque no llega a destino
y el verso se quiebra
en silencio en mi alma.
El camino,
andado y desandado,
rodado y tropezado,
avanza al margen, por desgracia,
de comentarios.

Antihimno

Y al fin y al cabo esto no es más
que el soplo vano de una fugacidad eterna.
La cadencia disonante de vibraciones oscuras
que dirigen un corazón,
este corazón,
a Dios sabe qué abismos.
Realmente no es otra cosa que el devenir
de una rueda cuadrada que machaca proyectos
al ritmo que fortalece ilusiones,
conduciéndonos, no sé en qué instante fugitivo,
a este sumergirnos en la nada que nos llena.
La vida-muerte nos empuja por senderos
que, buscando ser coherentes, se desdibujan
en un sinfín de macabras muecas.
… ¿HASTA CUÁNDO?…
… ¿HACIA DÓNDE?…
es lo que gime el reloj absurdo
que nos desnuda frente al mar, para comprender,
que la inmensa incertidumbre azul
es la única verdad.

Mas tras este corto paréntesis
renazco entre las aguas
y la corriente glacial me empuja:
Vivo fugaz, dolorida y cambiante,
aunque ni yo misma sé que me sostiene.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑