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un café y un poema

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Amor

Fuego

Roja,
roja fue la pasión en tus ojos
y el fuego de tus labios.
Rojo,
rojo el compartir tu aliento
y abrazar tu cuerpo ardiente.
Tan solo naranjas las realidades
concretas y los sueños de futuro.
Amarilla la distancia
estridente en abandonos.
Negra la soledad del hoy,
consumida entre cenizas.
Gris tu ausencia, amor,
en un paisaje sin rescoldos.

 Sueños

Soñé que mis manos
acariciaban tu sonrisa
como antaño,
que mi cuerpo se estremecía
en tu presencia
y redescubría goces,
no por lejanos,
olvidados.

Soñé, soñé con ese tiempo
en el que el miedo
no devastaba las noches;
soñé contigo, conmigo
y con un cuerpo
que respiraba energía
al son de tus abrazos.

Gris mañana de septiembre
donde el sueño me abandona,
donde sólo con intentar mover
mis dedos huecos
reescribo un verso
duro, oscuro, inacabado,
que nace de la ausencia de tus besos
y de mi propio cuerpo desalmado.

Amor-Tiempo

Ni fuiste, ni serás,
sombra del sueño,
esperanza por siempre 
maquillada,
envoltorio apócrifo
de noches desmedidas,
evanescencia afín
de sombras soleadas.

Inventamos ese amor,
poesía pura,
comunión espléndida,
refulgente en la demencia,
promesa eterna
de versos compartidos,
vida plena
ajena a comentarios.

Con el tiempo
estructurando soledades,
descubrimos ya impuros,
que la realidad brota
del alma enaltecida,
de un amargo yo propio,
sin miedos, ni victorias,
sin versos, sin derrotas,
un yo esquivo y ajeno
a la voz de los otros.

Queda pues mi experiencia
de umbrías soledades
como el reflejo sin par
de un yo sufriente,
que a base de deambular
por rincones oscuros,
perdió toda su fe
en el amor que creaste.

Olvido

En el rincón oscuro de tus ojos
confluirá tu noche con mi almohada,
amado sol, amada tarde, amado cielo,
el compás de la espera desgranará el alma.

Y aún así llegará el verano y sonreiremos,
entonando himnos de un pasado imperfecto
dónde sonríen los niños y renacen los payasos,
recordando octubres y ensayando mañanas.

Ha gemido el violín nuestros otoños
quizás por eso queme tanto la distancia,
quizás por eso reinventamos los poemas,
quizás por eso nos devore la nostalgia.

Si con tus manos de ayer poder tuviera
para contener el viento y la añoranza,
si en tus manos, amor, me sostuviera,
en tus manos, los dos; fuera… la escarcha.

Más hemos vaciado de sueños las promesas
y el dolor me pesa, el tiempo pasa,
con versos de sangre en este océano quisiera
olvidarte y remplazarte con palabras.

Regreso

Audio:

Apenas unos minutos
y tus pasos anticiparán el ensueño de tenerte
cuando cabalgues en esta noche cálida
que sólo es para aproximarte a mí.

Mi alma entera sabía
que llegaría el instante del reencuentro,
que aunque fue violenta tu partida
y en mí no cabía el sosiego,
la luna amarilla de una noche como esta
redirigiría tus pasos
hacia mi habitación.

Quererte cuando no estás
me pesa en el esqueleto,
me oprime contra el suelo,
bloquea de estruendos arcaicos mis neuronas
y me enfrenta a un desasosiego tan profundo
que el anhelar tu vuelta es en sí un calvario.

Pero cuando el reloj monocromo
consume los minutos que anticipan tu presencia,
quererte es el valor absoluto
que puebla de ilusión la madrugada
y desprende de vacíos los instantes
repletos ya del embrujo de tu aroma.

¡La llave en la cerradura
y un nuevo universo inventado
capaz de invocar promesas!

El mundo empieza esta noche,
esta noche veraniega y oscura,
en la que vuelvo a tu lado
y todo mi ser me sabe a ti.

Siete dudas

Te estoy sintiendo,
sé que te aproximas despacio,
sé que ese avión te volverá a proyectar en mi cosmos,
te siento, te intuyo, te respiro.

Son las siete
y el peso del segundo
me impulsa a contemplar el reloj
con inusitada angustia

Las siete,
las siete,
por fin las siete de hoy,
este es el día
que compuse en mi cabeza
para reforzar mis besos,
para reabrir las compuertas del ensueño.

Llegó el momento de observar tu mirada
y la verdad es que el vértigo me conduce
al abismo eterno
de no saber qué proyectará tu sonrisa,
pero,
te he anhelado tanto,
que el ensueño del momento
descompone mi ansiedad.

Quiero emborracharme de ti como otras veces
aunque no pueda sentirme poseedora
de tu esencia más mínima.

Anhelo taladrar ese segundo
que me precipita a la locura de sentirte respirar
en cada una de mis exhalaciones.

Las siete y ese avión
que está buscando pista en el aeropuerto infinito,
las siete y todo mi amor
enarbolando la bandera del ensueño de tenerte:
…diez días
…diez días
un universo pleno de caricias,
un poema incompleto de estridencias
y un esbozo de claroscuros infinitos.

Un universo entero en diez planetas,
un infinito compuesto de unidades,
un todo entero ahí ante mis ojos.

Toda yo, todo tú
y un quién sabe.

Cobijo

Y llegarán otros días 
tan grises como este otoño 
y seguirá la misma música 
de puro repetida, monocorde,
y viviremos otras crisis 
sobreviviendo decepciones 
y nacerán otros sueños 
renovados en su inercia. 

Mas nadie podrá cambiar el segundo, 
el instante primero de tu risa, 
el impulso de tus manos en mi pecho  
y la ensoñación de tu mirada. 

Este instante es todo un mundo 
que aleja tras el paréntesis 
un universo entero de rutinas.  

Este momento es mío  
sin sombras, sin nubes, 
sin sorpresas, 
sin tener siquiera la sospecha 
de que otro segundo le sigue en el vacío. 

Vendrán sí otras noches  
y recuerdos de otros tiempos,
pero mi alma hoy se detiene 
cobijada con tu cuerpo. 

Verte

Es amplio y grande, blanco y extenso,
demasiado infinito como para ser aprensible,
tan ilimitado que rebosa la vista.

Pero pese a desangrar el volcán de mi angustia,
desmenuzar el equilibrio de tan eterno soñado,
somete a mi esperanza a sus mejores pruebas
y despierto al alba incluso esperanzado.

Nazco al miedo cada día,
sabiendo que en esta apuesta,
reconfirmo mi esencia más desmesurada
y con el amor por hilo entretejo los silencios
de saber con certeza que todavía no sé nada.

Queda pues ahí el reto, el sueño, la quimera,
aquello que inventamos ensoñando querernos,
aquello que dibuja de posibles la añoranza 
y colma de un golpe mis ansias y desvelos.

Esperaré pues que la traicionera fortuna
me haga soportar el peso de los fuertes
y el muro grande y grueso que ante mí se aproxima
conjugue la locura de saber que no soy sin verte.
 

Lo mejor

Amarte fue lo mejor
en este mundo sin memoria.

Atravesar tu barrera
de miedos negros, tenaces,
que encerraban tu sonrisa
en un mudo letargo;
fue lo mejor
en mi fugaz búsqueda de lo eterno.

Sucumbir en el abismo del otro,
mientras tu vendaval propio
desacelera su ritmo
ante el empuje de otra vida;
sí, eso también fue lo mejor.

Ser en otro, sin duda,
y recordarlo
fue la esencia
de momentos tan perpetuos
como la fugacidad avellana
de tu mirada absorbente,
como la sinrazón loca
del abismo de tenerte.

Amarte fue lo mejor
en este mundo sin historia
y abandonarte, mi amor,
el vacío mayor
que una mente solitaria
siente.

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