Ni fuiste, ni serás,
sombra del sueño,
esperanza por siempre 
maquillada,
envoltorio apócrifo
de noches desmedidas,
evanescencia afín
de sombras soleadas.

Inventamos ese amor,
poesía pura,
comunión espléndida,
refulgente en la demencia,
promesa eterna
de versos compartidos,
vida plena
ajena a comentarios.

Con el tiempo
estructurando soledades,
descubrimos ya impuros,
que la realidad brota
del alma enaltecida,
de un amargo yo propio,
sin miedos, ni victorias,
sin versos, sin derrotas,
un yo esquivo y ajeno
a la voz de los otros.

Queda pues mi experiencia
de umbrías soledades
como el reflejo sin par
de un yo sufriente,
que a base de deambular
por rincones oscuros,
perdió toda su fe
en el amor que creaste.