Se ha quedado vacío
el rincón de lo perfecto
y un polvo ocre asfixia
las paredes de lo que ayer
era esperanza.

Tu ausencia es el reflejo
de la pérdida de equilibrio,
de la pérdida de calma,
de la pérdida de control…
Tu ausencia es el reflejo
de la vida y de la nada.

Si lo escuchas, aún reverbera
el eco de las risas,
sobre unos muebles extintos
y unas paredes desconchadas.
Nuestras pisadas aún se reflejan
en ese suelo gris y abandonado.
Pisadas y proyectos,
olvidados en el tiempo,
desestimados en noches de vela,
ignorados ante futuros previsibles;
son las sombras del ser que fuimos
cuando lo eterno era la norma
y la muerte una falacia.

El rincón de lo perfecto
es ya solo prueba
de abandonos obligados,
de un paso del tiempo destructivo,
de la vida y la muerte.
Más ese espacio limitado
también soy yo
perdida y sin memoria, en ocasiones,
cuando la sinrazón pesa
aún más que la añoranza.

Otras vidas poblarán de proyectos
los muros olvidados,
mas mi infancia lo invadirá
con su espectro algunas noches
cuando el invierno
se asome a sus ventanas.