No es triste la poesía
si se siente
que el dolor, a veces, araña
nuestra risa,
si despiertos
entornamos los ojos,
mientras trenes negros
arrasan nuestra vida.

No es amarga la frase
aunque exprese
oscuros sentimientos
olvidados,
si andando entre escombros
encontramos
una nueva fe de luz
que se derrumba.

No son amargos los versos
porque siempre,
vacíos de otras armas,
piden vida;
suplican amor,
consuelo, compañía…
mientras dolores antiguos
rememoran.

Es dulce este camino
si observamos
que queda la esperanza
aún hoy pura,
si el eco de los sueños ilumina
hasta nuestros más sórdidos
fracasos.

Por todo ello:
ni triste,
ni amarga, ni sombría;
un mañana nace en cada instante,
inundando de aire mi poesía.