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Apenas unos minutos
y tus pasos anticiparán el ensueño de tenerte
cuando cabalgues en esta noche cálida
que sólo es para aproximarte a mí.

Mi alma entera sabía
que llegaría el instante del reencuentro,
que aunque fue violenta tu partida
y en mí no cabía el sosiego,
la luna amarilla de una noche como esta
redirigiría tus pasos
hacia mi habitación.

Quererte cuando no estás
me pesa en el esqueleto,
me oprime contra el suelo,
bloquea de estruendos arcaicos mis neuronas
y me enfrenta a un desasosiego tan profundo
que el anhelar tu vuelta es en sí un calvario.

Pero cuando el reloj monocromo
consume los minutos que anticipan tu presencia,
quererte es el valor absoluto
que puebla de ilusión la madrugada
y desprende de vacíos los instantes
repletos ya del embrujo de tu aroma.

¡La llave en la cerradura
y un nuevo universo inventado
capaz de invocar promesas!

El mundo empieza esta noche,
esta noche veraniega y oscura,
en la que vuelvo a tu lado
y todo mi ser me sabe a ti.