Soñé que mis manos
acariciaban tu sonrisa
como antaño,
que mi cuerpo se estremecía
en tu presencia
y redescubría goces,
no por lejanos,
olvidados.

Soñé, soñé con ese tiempo
en el que el miedo
no devastaba las noches;
soñé contigo, conmigo
y con un cuerpo
que respiraba energía
al son de tus abrazos.

Gris mañana de septiembre
donde el sueño me abandona,
donde sólo con intentar mover
mis dedos huecos
reescribo un verso
duro, oscuro, inacabado,
que nace de la ausencia de tus besos
y de mi propio cuerpo desalmado.