No es triste la poesía
si se siente
que el dolor, a veces, araña
nuestra risa.
Si despiertos entornamos
nuestros ojos,
vacíos de luz
mientras trenes negros
penetran en nuestras miras.
No es amarga la frase,
aunque exprese
vacíos sentimientos
olvidados,
si andando entre escombros
encontramos
una nueva fe de luz
que se derrumba.
No son amargos los versos,
porque siempre
vacíos de otras armas, piden vida,
suplican amor, consuelo,
compañía,
mientras dolores antiguos
rememoran.
Es dulce este camino
si observamos
que queda la esperanza
aun hoy pura,
que el eco de los sueños ilumina
hasta nuestros más sórdidos
fracasos.
Por todo ello
ni triste,
ni amarga, ni sombría,
un mañana nace en cada instante
inundando de aire mi poesía.