Con la palabra que dije
no quise inventar misterios,
jugaba, sólo jugaba,
a enfrentarnos con el tiempo,
a desdibujar presentes
y a recordar nuestros cuerpos
que recitaban poesías
simplemente con querernos.

La verdad de nuestro hoy
es factible, comprensible,
ya sabemos lo que somos y,
es probable, que seremos.
Pero en esta postverdad,
que define nuestro tiempo,
preferiría un nuevo ocaso,
entre excesos y alegrías,
que consumir este instante
de sutil monotonía
que redunda en cotidiano
lo que es ahora mi vida.

Estructuremos pues
otro presente,
un intervalo de ensueños,
donde la rutina ignore
nuestro andares perdidos
en negras contradicciones.
Vistámonos del futuro
que a día de hoy no tenemos,
e ilustremos madrugadas
soñándonos seres eternos.