Guitarra

el

No tañe la guitarra
en el silencio de la noche
por un amor desgraciado.
No araña
con su quejumbroso latir
el alma del que escucha
por una decepción lógica.
Cada acorde
ahoga un latido
de un corazón muerto
de soledad eterna,
de vacío vital,
de desengaño.
Cada nota
emula la destrucción de la fe
en un futuro piadoso.
El quejido redunda
en el misterio de un alma
que dejó de ser
para convertirse en viento.

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