El día que me visitó la muerte
fue un día cualquiera
de un mes de abril
sin apellidos.
Yo andaba a mis cosas,
dejando de respirar a intervalos,
sin hablar, sin andar…
desintegrando mi cuerpo
como otras tantas veces
pero entre objetividades médicas.
…Y entonces
vino la parca.
Se acomodó en mi blanca cama
y me miró a los ojos fijamente,
absorbió mi conciencia
y analizó mis escasos recursos.
Yo…
me quedé esperando.
Tras aquel instante
de puro fugaz
eterno,
el día ganó a la noche
y yo seguí viviendo.
Aquel día cálido de abril
en el que la muerte
vino a visitarme
me encontró demasiado real
como para no seguir existiendo.

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