Buscar

un café y un poema

Categoría

Enfermedad

Gotero

Un gotero
pulsa el paso de las horas.
Un zumbido monótono 
consume la mañana.

Martes.
Ensayo clínico.

Ojos hastiados
se entreabren confundidos
con el sueño.
La vida transcurre más allá
de las ventanas
ennegrecidas por miradas
silenciosas.
La esperanza se arrastra
por venas rotas
por un uso inapropiado
y se ensueña
otro futuro.

Martes.
Ensayo clínico.

Una batalla más.
Otra pelea superada
camino de la derrota.

A la deriva

A la deriva 
el pasado se desdibuja olvidado
y el futuro precipita sombras negras 
ajenas a proyectos, sueños y quimeras
adolescentes,
muertos antes de nacer.

A la deriva mi cuerpo
rompe lazos con mi mente
y se desdobla en dos realidades
próximas e incompatibles
que buscan un equilibrio
inestable.

A la deriva
mis escasos dedos ágiles
siguen buscando poesía
en una nueva cotidianidad,
absurda e irreconocible,
en noches como esta.

A la deriva
invento cada nuevo paso,
reiniciándose en segundos
un sistema operativo
desgarrado por un virus
atroz y descontrolado.

A la deriva
sueño, escribo pienso, leo…
me abrazó con fuerza a mi familia
y nacen y se reafirman
amistades

En la deriva soy
y estoy, siendo yo misma,
y cada día,
en la deriva triunfo
y en la deriva fracaso.

En ocasiones cuando me desintegro

En ocasiones me desintegro,
no es norma, 
ni siquiera habitual,
pero a veces sucede 
y entonces veo el mundo desde fuera.
Ellos, los otros, 
parecen felices,
pero hacen mucho ruido,
un ruido inmenso
que golpea mis neuronas
con un zumbido plenamente desasosegante.

Parecen felices
y me encanta verles sonreír ociosos
o plenamente preocupados por sus trabajos. 
Van y vienen, suben y bajan, corren y se paran…
pero siempre me parecen felices.

La verdad es que cuando me desintegro
todo pinta mejor,
hasta las calles que construyo,
porque aunque parezca estúpido
es entonces cuando el mundo se recrea con mis pasos.

Si no fuera por el pánico
sería incluso divertido:
los colores son más estridentes,
los sonidos más ensordecedores 
y en el mundo entero parece existir lógica.

La verdad es que, a veces, cuando me desintegro,
todo es relativo y fugaz,
el hoy está lejos,
yo menos loca,
y todo sugiere una calma relajante
que me conduce a vagar.

Negro

Incide en el valor de mi ser en esta tarde
la muerte, el dolor, el sufrimiento…
este desintegrarse en el abismo de la nada
esta certeza oscura de ir muriendo.

Es triste la poesía en este instante,
soliloquio viral de un ser sin cuerpo
que fluye entre ambiciosas prioridades
y en absurdas vaguedades y desiertos.

Aún así, apoyo más hoy en mis palabras
a quien pierde, al que olvidan, al errante,
aquel a quien lucha aunque las sombras
precipiten en gris oscuro sus verdades.

Deambula mi alma fugitiva en esta hora
de ausencias, ruinas, de soledades
y clamo al cielo suplicando novedades
que rellenen de luces mis silencios.

Nada quedará de mi ni de ti sin la poesía,
nada más que el recuerdo de un proyecto.

Hoy

Una mano, ajena a mí,
se posa sobre el libro que estoy leyendo.
La mano es mía, pero es extraña,
no responde a un movimiento racional
y en cambio interactúa con las palabras
que, desdobladas, hacen que pierda sentido 
mi esfuerzo de lectura.
Me pregunto qué me hace ser yo misma: 
la mano rebelde, 
las palabras fluyentes,
o esa sensación de mí
que pretende controlar mis emociones.
¿Soportará mi cuerpo este alma?
¿O la dualidad de mensajes 
me hará rebotar contra el suelo
sin saber quién soy?
Mañana será mejor día,
quizás no,
pero al menos debo confiar en que mañana
estaré más próxima a rencontrarme tranquila
entre un cuerpo estridente
y un yo errante.

Sábado

Rodando por calles

subversivamente asfaltadas

he llegado a un nuevo sábado blanco,

inmaculado, virgen, a estrenar…

Amanecido para seguir

renovando realidades

propias y ajenas.

Este sábado joven e impoluto

inaugura además anheladas  primaveras,

sueños de luz y poesía

reinventandos cada año

para generar nueva vida.

Sin embargo, el asfalto

que engullo en estos días

sigue tan gélido

como en febrero

y pesa ya el invierno

en mi cuerpo espástico.

Aun así llegaran los verdes,

los amaneceres estridentes de luz

y los colores multiplicarán expectativas.

Nuevo escenario en el que yo,

tan sólo a un metro del suelo,

seguiré odiando los espejos

(empeñados en el hoy

e ignorantes del ayer),

y rodaré por campos urbanos

testigos silentes de líneas paralelas

que trazan vidas

a golpes de decepciones.

Microcosmos

Mi mente fatigada
deambula entre la evidencia
macro del caos
y esta sutil y microscópica
degradación de mi cerebro.
Hoy mis linfocitos despistados
siguen destruyendo
lo que no deben.
No necesito enemigos externos:
Yo sola me inmovilizo
en pequeñas derrotas,
mientras mi entorno varía
al ritmo de mis pérdidas.
Mi cerebro malherido
sigue soñando,
evoca recuerdos próximos
alejados en siglos
por mi singular realidad.
Basta un par de años
para que el mundo conocido
se desmorone.
Sólo un par de años.
La reinvención constante
extenúa mi psique y mi cuerpo,
fluye la vida en otro tiempo
y otro espacio
y mi yo se revela.
Mis linfocitos despistados
irradian un tsunami
de consecuencias impredecibles.
Pero aquí sigo
de pie y sola
frente a las olas
suplicando compasión.

Brindis

Ilustremos el futuro de poesía,
recuperemos rojos, verdes y azules
de aquellos óleos olvidados:
seamos esperanza y no destrucción.
Cuando comparto sonrisas
y descubro miradas capaces
de superar angustias cotidianas,
excesivamente duras para ser contadas,
renace en mi alma
la confianza en el mundo;
el ser humano es capaz
de reinventarse ante la adversidad.
Hoy quiero brindar por aquellos
que compartiendo desdichas
regalan sonrisas a un universo
ajeno a sus esfuerzos
por reinventarse cada día.
Brindo por ti, por mi
y por todos aquellos
que han descubierto que la lucha
es la propia esencia feliz
de cada vida.

Miedo

Al final el miedo vuelve,
siempre vuelve.
Estrangula mi mirada con su asfixia
y rebota de rojo
en las paredes de mi alma.

… Y no hay defensa.

Bloquea el entendimiento,
anula el raciocinio
y me precipita
a la desesperación gris
de recuerdos machacados
que buscan resucitarse.

El miedo vuelve,
siempre vuelve,
y aunque parece que el tiempo,
la vida recorrida
y la falacia de calma
son capaces de vencerlo,
siempre impone su euforia,
y mi sombra se entreteje con el suelo
como testigo mudo
de otra derrota.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑