En ocasiones me desintegro,
no es norma, 
ni siquiera habitual,
pero a veces sucede 
y entonces veo el mundo desde fuera.
Ellos, los otros, 
parecen felices,
pero hacen mucho ruido,
un ruido inmenso
que golpea mis neuronas
con un zumbido plenamente desasosegante.

Parecen felices
y me encanta verles sonreír ociosos
o plenamente preocupados por sus trabajos. 
Van y vienen, suben y bajan, corren y se paran…
pero siempre me parecen felices.

La verdad es que cuando me desintegro
todo pinta mejor,
hasta las calles que construyo,
porque aunque parezca estúpido
es entonces cuando el mundo se recrea con mis pasos.

Si no fuera por el pánico
sería incluso divertido:
los colores son más estridentes,
los sonidos más ensordecedores 
y en el mundo entero parece existir lógica.

La verdad es que, a veces, cuando me desintegro,
todo es relativo y fugaz,
el hoy está lejos,
yo menos loca,
y todo sugiere una calma relajante
que me conduce a vagar.