Me ha sorprendido el verde
en este amanecer de mayo
que de puro radiante parece
imaginario.
Mientras mi cuerpo dolorido
reinicia conexiones
he rememorado aquellas primaveras
cuando mi madre me expulsaba del sueño
a golpe de zarzuelas.
Entonces todo era fácil,
al menos así lo ensueño,
mi madre trajinaba en sus faenas
y el olor a café fomentaba levantadas.
Hoy mi madre se consume,
viejita y etérea,
y mis ansias infantiles desaparecen
ante el ritmo pausado
de mi personal destrucción.
Hoy recuerdo aquellas mañanas
con nostalgia,
con la nostalgia febril
de quien aspira una calma inaccesible…
El verde es el mismo
y estas palabras
reinventan aquel amor
tan obvio y poseído.
Por ello, más allá de las palabras madre
recibe ahora tú en mis versos
el cobijo que formaste para mi
en aquellos días
en los que sólo importaba tu cariño.