Imagino que tras la lluvia solo cabía esperar esto,
la sensación de desintegrarme lentamente en un aroma,
en un segmento de segundo que redunda en tu recuerdo.
No ha sido tanta la lluvia, ni tanto el olvido,
como para mantenerme fría ante tu ausencia
y por eso quiero reconstruir el barro de las calles
en un sendero preciso que me conduzca a tu reencuentro.
Mas no queda otra que seguir esperándote como siempre,
aunque a partir de ahora voy a construir mi universo en otros infinitos,
ahora ya no sé quien soy entre tanto abismo,
en este vacío inmenso de imprecisiones regulares
que sólo me conducen a mi eterno caos.
Y es que más allá de tu amor debo existir como ser único
(no sólo como esta transgresión impura de tu alocada realidad),
debo ser algo más que este lamento y las gotas de lluvia me recuerdan
que un día fui otra cosa: más activa, más vital, más pura…
No puedo ser solo por amarte, porque al ser sólo tú me desdibujo
y el abismo de la nada me consume.
Sólo puedo amarte siendo otro, siendo yo pero no tú,
un yo propio que al forjarse pueda completar tu entorno
más allá del aroma de esta lluvia que hoy sólo parece mojarme a mí.