Mi mente fatigada
deambula entre la evidencia
macro del caos
y esta sutil y microscópica
degradación de mi cerebro.
Hoy mis linfocitos despistados
siguen destruyendo
lo que no deben.
No necesito enemigos externos:
Yo sola me inmovilizo
en pequeñas derrotas,
mientras mi entorno varía
al ritmo de mis pérdidas.
Mi cerebro malherido
sigue soñando,
evoca recuerdos próximos
alejados en siglos
por mi singular realidad.
Basta un par de años
para que el mundo conocido
se desmorone.
Sólo un par de años.
La reinvención constante
extenúa mi psique y mi cuerpo,
fluye la vida en otro tiempo
y otro espacio
y mi yo se revela.
Mis linfocitos despistados
irradian un tsunami
de consecuencias impredecibles.
Pero aquí sigo
de pie y sola
frente a las olas
suplicando compasión.