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un café y un poema

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esclerosis múltiple

Revolución

En la revolución de un cuerpo enfermo
cada mancha blanca es una nueva carencia,
cada sombra negra un precipitado abismo.
La desconexión no es voluntaria
y el resultado, casi siempre, impredecible.
La incomunicación fluctúa
entre los rápido y lo pausado,
entre lo estridente y lo cotidiano,
distanciándote
de aquello que creíste ver en mí.
Me convierto ante tus ojos
en la imagen del miedo, de la fugacidad,
de la vulnerabilidad de quienes somos
y me esquivas en tus versos.
Mas aunque mi cuerpo astillado
se derrumbe,
soy la misma que te amó
cuando la vida
me sujetaba aún a la rutina.
Aquella que soñó poesía entre proyectos
mientras avanzaba dibujando ensoñaciones.
La revolución de un cuerpo enfermo
es mi batalla, por seguir
ante tu mirada, simplemente,

siendo.

 

Retorno

Miedo azul,
frío, desgarrado,
pavor gélido
que impacta la rutina;
fractura esquemas
de equilibrios inestables,
tilda mi paladar de hierro
y agonía.

Insumiso agente
del dolor eterno,
epíteto constante
que bloquea vanidades
e inunda mi cabeza
de viejas melodías.

Miedo fiel,
compañero eterno
de mis sueños perdidos,
relaja tu presión,
recuerda aquellos días
en que firmamos tregua
ante presentes oscuros,
derrotas asumidas,
y vagaste ansioso
buscando otras sonrisas.

Miedo, déjame en paz
consumida en mis silencios,
no cabe tanto penar
en esta vida sencilla.

Coplas del puto calvo

Como todos ya sabéis
yo convivo con un calvo,
un calvo pestilente y feo
que me hace sufrir a diario.

Cada mañana despierto,
desperezo mis encantos
y antes de darme ni cuenta
ya me sujeta pies y brazos.

Multiplicando mil insultos
al rato por fin levanto
y entre empujones y gritos
me da la bienvenida el calvo.

Cuando ya llegan las once
solemos firmar un pacto:
él siempre estará presente
y yo procuraré ignorarlo.

Según transcurren las horas
se ríe de mi a diario,
mas yo me pongo cabezona
y así lo vamos llevando.

Algunos días me vence
regalándome dolores
tan constantes y estridentes
que me dejo ir en sus manos.

Otro días, sin embargo,
me río de su constancia
y aunque venga con reproches
yo puedo vivir un rato.

Cada noche al acostarme
casi lo tengo domado
pero entre risas susurra:
mañana te estaré esperando.

Acaba pues esta copla
de otro día con el calvo:
que sí bien asfixia mi vida,
todavía no me ha ganado.

Septiembre

Hoy,

cuando al verme me llaman señora,

aun rezuma en mi alma

un espíritu quebradizo y adolescente

que se siente joven y en proyecto.

El espejo es solo una alucinación

que distorsiona sentimientos

en una imagen cuasi cincuentona.

Hoy,

que ya he vivido más de lo que viviré,

aún me embarga el embrujo de otras vidas,

otros sueños, otras esperanzas.

Desventuras cíclicas de quién quiso ser poeta

cuando el mundo le guiñaba un ojo

coqueteando en su presencia.

Hoy,

que soy esclava del tiempo,

aún no entiendo casi nada de la vida,

las personas me sorprenden

y tengo un ansia de saber tan desasosegada

como eterna.

Hoy,

que un cigarrillo aún consume

minutos de añoranza,

volveré a comenzar un nuevo ciclo vital

sabiendo que me espera, como siempre,

ir, poquito a poco, desvaneciéndome.

Antihimno

Y al fin y al cabo esto no es más
que el soplo vano de una fugacidad eterna.
La cadencia disonante de vibraciones oscuras
que dirigen un corazón,
este corazón,
a Dios sabe qué abismos.
Realmente no es otra cosa que el devenir
de una rueda cuadrada que machaca proyectos
al ritmo que fortalece ilusiones,
conduciéndonos, no sé en qué instante fugitivo,
a este sumergirnos en la nada que nos llena.
La vida-muerte nos empuja por senderos
que, buscando ser coherentes, se desdibujan
en un sinfín de macabras muecas.
… ¿HASTA CUÁNDO?…
… ¿HACIA DÓNDE?…
es lo que gime el reloj absurdo
que nos desnuda frente al mar, para comprender,
que la inmensa incertidumbre azul
es la única verdad.

Mas tras este corto paréntesis
renazco entre las aguas
y la corriente glacial me empuja:
Vivo fugaz, dolorida y cambiante,
aunque ni yo misma sé que me sostiene.

Crónica

En este espacio extraño
donde habito,
desprovista en ocasiones
de mi cuerpo,
me sumerjo levemente
en el abismo de un yo
que parece recrearse
sufriendo.

En este tiempo inconsistente
en el que fluyo,
abandonada, normalmente,
por lo eterno,
me complazco sutilmente
padeciendo esta duda irracional
de ser lo que soy,
no siendo.

En este espacio y este tiempo
en que no encuentro
otra dimensión imaginable,
me reafirmo nuevamente
como propósito
de un futuro irrealizable.

Mas siendo monstruo perpetuo,
luna nueva, campo yerto,
exijo, como si pudiese,
un instrumento
con que cimentar los sueños.

Sueños sí, anhelos vagos,
proyectos, hipótesis, quimeras,
un entramado donde fortalecerme
renaciendo así
como quisiera.

La esperanza me apoya
y me sostiene,
edifica en mi angustia
vanidades
y la reclamo hoy
por cada uno,
para vivir de nuevo
sin pesares.

Gota

Audio

 Una gota de otoño
enturbió en grises
su mirada limpia de ayer
en un ahora quebradizo.
El protagonismo de las pérdidas
encriptó una realidad
hasta ahora comprensible
para empujarle a un devenir
existencial.
La lógica de su vida
quedó ligada a la infancia
y a aquellos días azules
iluminados de sol.
Los valores absolutos sucumbieron
desintegrados en la enajenación
de un constante caos
que lejos de ser violento
fue pausado.
Había llegado el tiempo
de la amarilla tolerancia,
tolerancia propia
que ya no admite sueños
explosivos en verdes,
sólo busca la calma,
una calma reposada
frente a un mundo
que redibuja en presentes
la añoranza.

Hoy

Una mano, ajena a mí,
se posa sobre el libro que estoy leyendo.
La mano es mía, pero es extraña,
no responde a un movimiento racional
y en cambio interactúa con las palabras
que, desdobladas, hacen que pierda sentido 
mi esfuerzo de lectura.
Me pregunto qué me hace ser yo misma: 
la mano rebelde, 
las palabras fluyentes,
o esa sensación de mí
que pretende controlar mis emociones.
¿Soportará mi cuerpo este alma?
¿O la dualidad de mensajes 
me hará rebotar contra el suelo
sin saber quién soy?
Mañana será mejor día,
quizás no,
pero al menos debo confiar en que mañana
estaré más próxima a rencontrarme tranquila
entre un cuerpo estridente
y un yo errante.

Insomnio

Siempre son negras
las noches de insomnio:
siempre oscuras
(incluso cuando una luna
amarilla, gorda, redonda,
traza blancos en el cielo
mortecino y tranquilo
de verano).

Cuando huyen de nosotros
los verdes sueños
crecen nuestros miedos
esparciendo sortilegios
inundados de tramas
irracionales.

Son oscuras
las noches de insomnio
cuando el no amor
desgarra emociones,
cuando quien amamos
está ausente
y el vacío vital
retumba en las paredes.

Oscuras son esas noches
también para quienes
hacen números
mientras les alcanza el alba
sumando recursos exhaustos
hasta llegar a fin de mes.

Son negras e insomnes 
las noches eternas
de los que como yo
tienen el dolor por compañero
y recitan plegarias 
de desconsuelo
ante lo irremediable.

Mas las noches insomnes
tienen su fin en el día,
cuando los problemas siguen,
pero la desesperanza
amortigua su presión
buscando en otras coordenadas
nuevas víctimas propiciatorias
de su negra y salvaje
autodestrucción.

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