Y al fin y al cabo esto no es más
que el soplo vano de una fugacidad eterna.
La cadencia disonante de vibraciones oscuras
que dirigen un corazón,
este corazón,
a Dios sabe qué abismos.
Realmente no es otra cosa que el devenir
de una rueda cuadrada que machaca proyectos
al ritmo que fortalece ilusiones,
conduciéndonos, no sé en qué instante fugitivo,
a este sumergirnos en la nada que nos llena.
La vida-muerte nos empuja por senderos
que, buscando ser coherentes, se desdibujan
en un sinfín de macabras muecas.
… ¿HASTA CUÁNDO?…
… ¿HACIA DÓNDE?…
es lo que gime el reloj absurdo
que nos desnuda frente al mar, para comprender,
que la inmensa incertidumbre azul
es la única verdad.

Mas tras este corto paréntesis
renazco entre las aguas
y la corriente glacial me empuja:
Vivo fugaz, dolorida y cambiante,
aunque ni yo misma sé que me sostiene.