Los verdes álamos entreveran
trazas azules de un cielo calmo.
Un apunte rojizo intuye,
entre sombras amarillas y ocres,
que llegará un nuevo otoño.
El mundo sigue avanzando
como contexto rítmico
de nuestro devenir.

La tierra agostada goza hoy
de un viento nuevo, serrano,
purificador y armónico,
que relaja la estridencia sofocante
del calor del verano.
Y, aunque este hoy
siempre es inconcluso,
intuimos un mañana más activo
de rutinas otoñales
entre el sueño y el asfalto.

Las expectativas de futuros sueños
tiñen hoy de malva mi mirada,
mientras mis palabras silentes
acompañan en la mañana
el rodar de mis piernas.
Todo me inspira poesía,
una poesía onanista
que muere cuando nace
porque no llega a destino
y el verso se quiebra
en silencio en mi alma.
El camino,
andado y desandado,
rodado y tropezado,
avanza al margen, por desgracia,
de comentarios.