Soy lo que ves, más o menos,
aunque en tiempos de lujuria contenida
desfallezco, simplemente, en el silencio,
parezco ajena a realidades diferentes
y disimulo ser como soy mientras te observo.
Soy, más o menos,
así como me presento en redes sociales,
poemas y diatribas:
una mente activa en un cuerpo maltrecho.
Me busco, me dibujo, me comparto,
hago comprensible un yo desmigajado y fuerte,
social, complementario, seguro y equilibrado;
que avanza hacia una meta definida,
sólida y concreta.
Más otros días soy más yo que nunca y
me retuerzo en ansiedades oxidadas
tan viejas como el mundo es viejo.
Olvido los pinceles que han trazado mi imagen
y me enfrento sola ante el mar tumultuoso,
finita y desbordada,
errante y dividida
… Y dejo de saber quién soy
o quizás me conozco más que nunca.
Me enseñaron a vivir en un entorno
que no me pertenece,
me enseñaron a acomodarme
en una realidad injusta,
me enseñaron a ser como soy entre los otros.
Aún así me quedan días
de verdes en la retina,
de amarillos en las manos, de rojos en el alma.
Días de esos rebeldes
en los que soy al margen de lo que somos,
intradías profundos,
desangelados, taciturnos, erráticos y divididos,
días impropios en los que no me comprendes,
mas da lo mismo, tampoco yo consigo entenderme
y en esa hostilidad racional
soy, más que nunca, lo que ves
aunque no tenga sentido.