En la revolución de un cuerpo enfermo
cada mancha blanca es una nueva carencia,
cada sombra negra un precipitado abismo.
La desconexión no es voluntaria
y el resultado, casi siempre, impredecible.
La incomunicación fluctúa
entre los rápido y lo pausado,
entre lo estridente y lo cotidiano,
distanciándote
de aquello que creíste ver en mí.
Me convierto ante tus ojos
en la imagen del miedo, de la fugacidad,
de la vulnerabilidad de quienes somos
y me esquivas en tus versos.
Mas aunque mi cuerpo astillado
se derrumbe,
soy la misma que te amó
cuando la vida
me sujetaba aún a la rutina.
Aquella que soñó poesía entre proyectos
mientras avanzaba dibujando ensoñaciones.
La revolución de un cuerpo enfermo
es mi batalla, por seguir
ante tu mirada, simplemente,

siendo.