No por ser blanca la tarde
difiere de otras tardes de febrero,
cuando inmersa entre papeles
aburridos, intentaba jugar con las palabras
para escribir el artículo
que necesitaba antes de fin de mes.
No por ser gélida la tarde
se distingue de aquellas
en las que la paz era cumplir un objetivo
y la rutina pesaba como losa
entre anhelos y nostalgias.
No por ser corta esta tarde
se distingue de aquellos días de proyectos
dónde el infinito era el límite,
y la esperanza una rebeldía.

Esta tarde blanca, gélida y corta es distinta
porque en este camino de ahora
estoy más rota,
los sueños no son tan ambiciosos
y el silencio me llama y me desborda.
Esta tarde es distinta
porque mi poema exhala resignación torpe
y en el calor de tus ojos avellana
una brizna de luz ilumina el pasado
pero enturbia el mañana.

Esta tarde blanca sí es distinta
porque el ayer, amigo mío.
el ayer nunca puede ser el hoy.