Imagínense un mundo perfecto
(blanca pureza de ensueños
y promesa verde cumplida).
Un mundo sin problemas de vivienda,
sin problemas de trabajo,
sin problemas de salud;
un mundo dónde el amor
tampoco puede ser problema.

Un mundo sin guerras,
sin pobres energéticos,
sin sobres corruptos y…
sin excesos delictivos.
Un mundo imaginable perfecto
(sume usted mientras me lee
futuribles personales optimistas).

A este idílico proyecto
(si me permite la licencia)
le otorgaría, además,
un submundo subversivo
(rojas banderas alzándose
al frenético y azul compás
de manos crispadas en rebeldía).

No concibo un mundo espléndido
sin atisbos de protesta
y es que la involución se hace fuerte
cuando se derrota el caos.

Luchemos en amarillo
por un mundo sin censuras,
dónde la suma de todos
sea la mejor propuesta de paz.