El 1 se sintió cohibido
cuando los primos comenzaron
a pavonearse,
sobre todo el 17,
Un neocom afamado
con ganas de protagonismo.

Sin embargo, el peor,
el peor sin duda era pi,
quién envalentonado aseguraba
que sin él no había
un universo posible.

Por lo que un día declaró,
junto con los irracionales,
que era necesaria
una limpieza étnica
que eliminará a los mediocres
en integrales y derivadas.

El 1 se sentía sólo,
el 3 era el único que comprendía
su letargo,
mancillado por el 13
que sólo le consideraba
como una parte de si mismo.

El 1 se excitaba declamando
que él era el único
que otorgaba galardones,
era el rey, el amo, el dueño,
el alfa y el omega de las cosas…
Mas el cero insistía
en que se multiplicaría con él
condenándole a su desintegración.

Pero fue el siete
quien puso en su sitio al 1:
“No te engañes, compañero,
al final, como todos,
no eres sino la suma de otros
más pequeños”.
Fracciones y decimales,
tras las palabras del 7,
bailaron toda la noche
festejando por fin
su reconocimiento atrasado.

El 1 optó entonces por refugiarse
en el lenguaje binario
y no quiso saber nada más
de un mundo
que no reconocía su valía.

Y así anduvo abatido
hasta que el 0,
su más temible enemigo,
le dijo en un tono gris
de puro aburrimiento
por sus ruegos:
“Amigo, alegrate de ser un todo
e ignora tus ambiciones,
ser fruto de la suma de muchos
es el mejor método para poder lograr
que ninguno de nosotros,
desde el más amado al odiado,
tenga que vivir sin paz”

“Sumando somos más fuertes
-dijo el 1-.
y a partir de entonces,
multiplicando alegrías
y dividiendo pesares,
volvió a triunfar la esperanza
en el hasta entonces convulso
universo infinito de los números.