En este rincón en el que fuimos y seremos,
se desgrana el verano día a día.
Aquí no existe un chirriar de viejas notas
de violines oscuros que precipite
el latir sosegado de las horas;
aún es más,
el fugaz devenir de los minutos.
No hay sol como este de Castilla,
que arde de fuego en los labradores
pero, presa de indecisiones antiguas,
la brisa tibia impide el baño.
El olor es distinto, lejos Madrid,
aquí cada momento se recrea
en un perfume agostado que rebota
en una sonrisa de un dios…
benigno.
Aquí pasan los ciclos como sueños,
rompiendo al ritmo de duermevelas
la fugaz locura de los días,
pausados, lentos.
no es que esta tierra sea distinta,
es que es auténtica;
es que no hay chimenea capaz
de enturbiar tan azul cielo.
Es que no hay fábrica que apague
el piar monótono de los gorriones.
Realmente hoy el tiempo no deriva,
se detiene, se estanca, se repliega.
aquí el verano es eterno
porque el mundo en este justo espacio
se detiene.
Cuando vuelva a la ciudad, con la locura,
encontraré otra rima diferente,
otro tipo de sueño más activo
y lo intangible, lo perdurable, lo eterno…
me esperará por siempre otro verano
entre nubes y brisas en Castilla.