Siempre son negras
las noches de insomnio:
siempre oscuras
(incluso cuando una luna
amarilla, gorda, redonda,
traza blancos en el cielo
mortecino y tranquilo
de verano).

Cuando huyen de nosotros
los verdes sueños
crecen nuestros miedos
esparciendo sortilegios
inundados de tramas
irracionales.

Son oscuras
las noches de insomnio
cuando el no amor
desgarra emociones,
cuando quien amamos
está ausente
y el vacío vital
retumba en las paredes.

Oscuras son esas noches
también para quienes
hacen números
mientras les alcanza el alba
sumando recursos exhaustos
hasta llegar a fin de mes.

Son negras e insomnes 
las noches eternas
de los que como yo
tienen el dolor por compañero
y recitan plegarias 
de desconsuelo
ante lo irremediable.

Mas las noches insomnes
tienen su fin en el día,
cuando los problemas siguen,
pero la desesperanza
amortigua su presión
buscando en otras coordenadas
nuevas víctimas propiciatorias
de su negra y salvaje
autodestrucción.