El gris marrón del otoño
esboza un nuevo Madrid
más activo, más resuelto
pero impregnado
de esa luz melancólica
que invita a una reflexión.

Y es que en este siglo XXI 
los jinetes del Apocalipsis
redundan sus esfuerzos
para estrangular a los débiles.
Aún no hay paz, ni poesía
para el pobre
hambriento, cansado, fugitivo…
para aquel cuyo máximo sueño
es vivir una vida sencilla.

Somos y no somos
en un entorno de involución
dónde sólo vale el yo y mis derechos
y resuenan murmullos de trincheras
en un mundo que se busca
y no se encuentra.

¿De dónde partirán alternativas?
¿Del fascista, del obrero,
del temible iluminado?
¿Quién forjará el futuro?

El otoño en Madrid rezuma calma
y un expectante silencio
prevé nuevas batallas.
Si la desigualdad nos carcome
habrá muerto la esperanza.