Mis manos cabalgarán frenéticas
apurando líneas,
consumiendo renglones,
escupiendo comas,
masticando diéresis,
murmurando diptongos.
Avanzarán más deprisa que tus ojos
detenidos en la cacofonía de los versos,
en la cadencia del ritmo,
en los juegos de palabras.
Yo pariré mis versos
rompiendo los estribillos
entintando de azul mi pulso
entrelazando mis venas con las teclas
con el blanco, con el todo,
con la nada y la plenitud más absoluta.
Tú ensoñarás misterios en el eco de las voces
intuirás fracasos, halagarás triunfos,
buscarás comparaciones y, al final,
criticarás la métrica.
Yo me emborracharé de pulsaciones
y el eco frío de la pantalla será mi tesoro
y renombraré a los grillos
y redescubriré unicornios
y aprisionaré la luna roja entre mis manos.
Tú no entenderás el tercer endecasílabo,
dirás que el cuarto verso descompone la estructura
y evocarás a Freud
mientras psicoanalizas el soneto.
Pero no me importará la mentira de tus juicios,
yo habré musitado el rocío,
habré proyectado de amarillogris
las entretelas del fogón y la cocina,
habré ensoñado romances tan fieros
como la ausencia
y mis ojos habrán visto el proyecto de otras vidas,
el consuelo de otros nombres,
habré imaginado vals, tangos, sevillanas,
habré intercambiado colores
mientras jugaba con el cielo
y el instante habrá sido inigualable
y el éxtasis me habrá invadido por dentro.