En mi mente más oscura
vibra un redoble de miedo,
de puro eterno,
prosaico,
reiterado hasta el exceso.

En tus ojos avellana
sólo se refleja un cuerpo
abatido por la espera negra
del ritmo eterno del tiempo.

Aceleran mis sentidos
el peso de la vejez,
y este cuerpo muerto y frío
me es tan extraño que siento
que la poesía
es inundada de viento.

No quisiera que olvidaras
aquella que antaño fui,
irradiando de promesas
lo que en mi vida sentí.

Tu cuerpo ya me ha olvidado
y el mío ni te persigue,
el desgaste de las horas
describe nuevos borrones
mucho más enrabietados
en duras cavilaciones.

Aún así quiero que sepas
que extraño aquellos murmullos,
aquel latir de las horas
respirando los dos juntos.

Me diste vida y ensueño
y oscuras preocupaciones
sobre lo que de verdad es ético.
Echo de menos tu mente
de aperturas hacia mi
y en el silencio del verso
lo recreo
como principio del fin.

El redoble de miedo,
que tirita en mis entrañas,
sabe que no queda más
que recordarte en mi alma.