Mis párpados
se separan cada amanecida,
se distancian,
se alejan,
se traicionan.

Rompen esa unidad plácida
de la noche
para vivir independientes
aunque no muy separados.

Una vez que han abierto el alba
descubro que el mundo de ayer
sigue ahí mismo,
que pasara lo que pasara en la noche,
no importa,
el mundo es el mismo.

¿Cómo es posible
que el peso de los sueños
no haya roto la normalidad
gris de la aurora?
Apenas hay novedades,
como mucho hace más frío,
quizás el silencio de tu ausencia
se haya transfigurado en verdes,
pero el resto,
siempre es lo mismo.

El mundo debería transmutarse cada noche
y levantarnos al día con sorpresas,
variaciones, diferencias, incluso,
con alguna que otra nueva estridencia.
Pero no, siempre es aquel
que dejamos distanciado cada noche
y en ese orden preciso
nos incorporamos
a golpe de impulsos ebrios
para descubrir nuestro destino.