En amarillo hostil se perfilan
las calles de mi barrio.

En amarillo de asfixia,
de sequedad, de fatiga…

El arenoso cielo modula
perfiles imprecisos
y la vida pasa hastiada
en blanco de canículas.

No es tiempo de esperanza,
solo de sueños en reposo,
de latencias maduras,
de observación pausada.

Un instante febril
de un Madrid disonante,
en el que soy lo que fui
cuando el viento
me llenaba de futuro,
pero en presente cansado.

Reposo exhausta,
mientras el tiempo se lleva
lo que es mío,
esperando que el otoño
diluya esta presión
y me vista de mañanas.