En la otoñal  lluvia de ayer

olí a mi madre

y un regusto de infancia 

atronó entre mis manos.

El aroma del ozono

absorbió el tiempo

y un equilibrio estático 

de energía

inundó mi cuerpo

en un perfume de paz.

Noviembre asfixia siempre

y ya no tengo

el arrullo de sus brazos

para quebrar el misterio.

Este mes me desmigaja siempre

pero ayer mis sueños

atravesaron la mortaja 

de la vida

para atraparme en sus manos

…y me dejé llevar…

Y en el viento y en la lluvia

sentí que en el infinito 

un amor me espera y se asienta

más allá de los años.