Hoy el día despierta blanco,
blanco de nieve,
blanco de frío,
despierta blanco.
En mi Madrid natal el blanco es extraño,
vivimos más el gris de la rutina,
o el amarillo asfixiante del verano
sólo en días raros como hoy
nos despertamos en blanco.
El frío a estas horas
entumece todos mis músculos,
la luz ciega mis ojos
y un sinfín de moscas van y vienen en mi retina,
demasiado blanco todo
para mis nervios ópticos.
Y es que este año ansío la primavera
como pocos,
la luz, la fuerza, el color…
el despertarme ociosa a un mundo bello.
Ansío la fuerza y el poder de un mundo regenerándose.
Hoy falta plástica y sobra monotonía,
al menos debería nevar
y cambiar la vista de los tejados madrileños,
nevar para sentirnos protagonistas de otro paisaje,
de otro sueño, de otro reto, de otro mundo posible.
Salgamos ya de la crisis de este invierno
y renazcan por fin las primaveras…
vengan el verde, el rojo, el azul y el amarillo,
y olvidémonos ya, por unos meses, de este descorazonador blanco.