En días como este
abogo por el trueque.
Yo sé juntar palabras,
retransmitir lo que otros
hacen o comentan,
o, simplemente,
contar a aquellos
lo que a éstos les pasa.
Creo que tan pobre trabajo
al menos vale
un caliente plato de lentejas,
una noche a cubierto, o ¿quién sabe?
quizás una sonrisa, o una mesa
que si bien no esté llena de comida
al menos me proponga
un reporte de vivencias.
En tiempos de crisis como este,
sometida al paro y su incidencia,
reclamo el derecho de los pobres
de tener esperanza en la promesa
que hicieron de justicia nuestros próceres
cuando querían que votáramos sus propuestas.
Abogo por el trueque
porque es simple,
porque con él puedo confiar
aún que con mis letras
seguiré viviendo cada día
sin tener que buscarme otras contiendas.
Vacía de contenido mi experiencia
a día de hoy parece que no pudiera
conseguir alimentar de caliente a los que amo
porque mis palabras no se valoran, ni se esperan
por los mandamases podridos de reales
que ignoran lo que yo valía en otra época.
Juntémonos por eso entre nosotros,
aquellos a los que han mandado a la mierda
los ricos y siempre poderosos
dejando nuestra economía en la miseria.
Juntémonos e intercambiemos capitales,
habilidades, trabajos y respuestas
e inventemos un contexto favorable
para que cada mañana no nos tiemblen las piernas.