No limitarán mi voz
las ataduras del trabajo,
la empresa y el dinero.
Mi voz nace
desde el eje mismo
de mis entrañas,
dónde no quema el fuego,
dónde no tiembla el miedo.
Nadie podrá amordazarme
en este impulso:
ni las pesadillas,
ni los ogros,
ni los truenos.
Mis venas discurren tinta,
mis ojos primaveras,
y en el oscuro abismo
del desánimo,
incluso allí,
resuena engrandecido el eco
de las palabras, los versos
y los sueños.
Poeta no soy de almibaradas voces,
mi canto cae en el mundo
como en el campo el rocío
indómito, silencios, constante…
Versos hay,
más versos hay que cuerpos.
No admitiré que esa encallecida burguesía
juzgue mi futuro y mis proyectos,
mientras quede un corazón que lata fuerte
pariré cada mañana mil sonetos.