Tu pones el café y yo el poema,
no sé si te he contado ya
que en mi lucha en esta vida
la muerte se llevó mi cuerpo
y solo conseguí salvar el cerebro.

El esfuerzo físico por tanto es tuyo,
yo comparto el pensamiento
que es lo único que aquel monstruo juvenil
dejó que me quedara.

Aún así, sigo disfrutando de un buen café
acompañado de versos,
siempre hay sitio para la poesía
aunque el paso del tiempo sea cada vez más lento.

La tarde ya se desdibuja sola
y sólo un amigo puede abrir mi corazón
a nuevas ilusiones.

Lo dicho,
yo pongo la poesía y tú el café
y esperemos juntos que llegue el ocaso silencioso.

Borremos pesadillas esta noche y
pintemos nuevos amaneceres como antaño,
cuando tú, yo y aquellos
corríamos al viento reclamando a la vida sus milagros.
¡Cuánta ansía hoy de esperanza adolescente!

Un café con cada amigo en esta noche
y que el sol pinte mañana la esperanza,
hoy la fuerza se escapó entre las rendijas
que creó esta absurda enfermedad en mi alma.