Permanecerá, pese a todo,
este sol radiante de abril
que entreteje las ventanas de proyectos,
que encamina los ensueños de futuro
mientras se arrulla en el pausado eco del viento.
Seguirá por vosotros
un cielo plomizo de arena
cuando la canícula borre
de rocío las madrugadas
y el devenir de las horas
condense en calor los sueños.
Aún quedará para ti, sin duda,
el lúgubre rumor del mar
en noches oscuras de invierno
cuando la intensidad del frío
haga ocultar los versos.
Permanecerá un mundo latiendo pues,
embarullando de escarcha
la desesperación del triste,
la ilusión del contento
mientras el latido de las horas
recree el paso del tiempo.
Pero, ¿qué quedará en mí tras tú huída?
¿Qué espíritu embriagará mis sueños
cuando el peso del silencio
redescubra soledades
y descomponga sonetos?
¿Qué permanecerá en mi
cuando el desierto
reconduzca mi camino
hacia la soledad estéril
que me deja tu recuerdo?
Aunque el mundo gire ansioso
sólo me quedará entonces
redibujar en tinieblas
tus besos.