No es poesía sin más quererte,
o desamarte, o desandarte,
que viene a ser el vaivén constante
al que juegan mis silencios
cuando en la paz de la noche
me renazco dibujando versos.

Tampoco es en sí poesía
el lento paso del tiempo,
esa estricta rutina
carente de formas, carente de ensueños,
que en días aciagos quiere
protagonizar de lleno sonetos.

Tampoco el querer ser
o ese alma agónica de luchas
que quiere reinventar el cielo,
cuando el devenir del miedo
de puro humano te ciega
en el latir de lo etéreo.

La cadencia rítmica
no es en absoluto respuesta
de lo que puede ser poesía,
por eso a veces se reconvierte
en lamentos de guitarra mal querida
que sólo despunta momentos
de lo que pudo ser armonía
para quedarse en un “querer quiero”.

¿Qué es entonces la poesía?
¿Por qué nos soñamos poetas
cuando lejos de la lírica
sólo corren por nuestras venas sueños?

Poesía es el redescubrirme,
redescubrirme en el viento,
que a golpe de fluctuaciones
purifica imprecisiones
que provocan en este instante
que puedas regalarme,
en tu anhelada mirada,
quieras o no quieras,
UN VERSO.