En las calles de mi ciudad
hay más pobreza,
más suciedad y miseria
que en otros tiempos
en los que parecíamos
ajenos a otras crisis mundiales.

Hoy Madrid está más triste
y explosiona el hambre
donde antes sólo había opulencia.
Renace la lucha de clases
ante un modelo consumista en crack.

Siguen los niños sonriendo,
los pájaros trinando
y florecen los rosales…
Pero no hay esperanza
y la tierra
se autodestruye agónica.
Gaia se revela
y los jinetes del caos
buscan sus guadañas.

¿Dónde está quien cambie
el ritmo de las cosas?
Aún hay margen para un
mundo solidario,
reagrupemos fuerzas,
luchemos por un mundo
donde el hastío
no de paso a la miseria.
Las lunas rojas del cielo
lloran sangre
ante un universo que vaga
sin anclajes.
Amigos,
no entreguemos nuestra vida
sin batalla .