Una negra sucesión de pérdidas
protagoniza un otoño
tan soleado que aún no revive
los sueños de otros inviernos.
Nuevos vacíos adquieren prioridad
ante cotidianas decepciones,
ya por vividas, ignoradas.
Mas el tiempo sigue latiendo,
con su ritmo estable, pausado, lógico.
y una aceptación gris
de mi nueva realidad
no es sino la respuesta
a una vida que impregna
de descoloridas vibraciones
el ritmo de ausencias reinventadas.

Yo, en este amanecer otoñal,
me sublevo ante la calma,
ante la monotonía cotidiana,
no quiero que desaparezcan 
las ansiedades del alma.
Continuar sin más 
con viejas melodías
no hará que las lágrimas secas
desaparezcan sin dejar secuelas.
Hoy apuesto por el recuerdo,
por renacerme en mi
como fruto de lo que soñaron otros.
Soy como soy por ellos,
y con ellos y entre ellos,
quizás un día, 
renovadamente pausado,
vuelva a renacer mi calma.