El final de una etapa 
es una muerte sutil
que nos reinventa.
Fluye despacio, 
realiza su recorrido en silencio 
hasta alcanzar el corazón,
quien silba a nuestra mente 
que ya no hay lucha posible.  
Hay que firmar la rendición
sin más explicaciones.

Todo aquello que fue nuestro
se desintegra entre los dedos 
y se convierte en pasado.
Pasado, aquello que lo fue todo,
ya simplemente pasado.

Algún día el fruto de estas vivencias
se entrecruzará espero en positivo
en mi reinventada vida…

Pero no será hoy.

Hoy la ausencia pesa más que la esperanza
aunque sé que el mañana,
interrogante y ocioso,
el mañana ya no será este hoy,
oscuro, gris,
deshonesto y peligroso.

Este hoy, absurdo de grises abandonos,
este, simple y descarnado, hoy.