En ocasiones pesa más el ruido
que el silencio,
la locura más que la calma,
y lo frenético
impone un ritmo enrevesado
que sustrae la lógica
cotidiana de los días.
Sentimientos potenciados
imponen una dictadura arcaica
que emborrona de tinta sensible
titulares virtuosos
en polémica.

No sé que quedará 
de estos días de banderas
cuando la realidad imponga, simplemente,
la friolera de la nómina a fin de mes,
o el ansia por vivir una vida sencilla
con el gris de las aspiraciones vulneradas.
No sé si se abrirán nuevas heridas
o si surgirán de la nada
armas patrias dispuestas a asolar
tantas proclamas.

Lo único que sé 
es que la justicia social
sigue ajena a tantos gritos
y los egos multiplicados
sólo anticipan nuevas zozobras.
No hay unidad posible entre personas
cuando el único valor es mi yo
y mi identidad propia.