Y llegó el miedo tras la barbarie;
y los himnos y los nacionalismos.
Las proclamas encendidas
protagonizan los discursos
y las caras grises
deambulan por calles rojas
heridas de temores.
No hay lugar ya para la calma
hay un frenético estrépito
de venganza
y las sonrisas se esconden
tras barreras de prudencia.

Los asesinos ríen
mientras defendemos
el ecosistema propio, 
sorprendidos, entumecidos,
atontados.
Ellos se burlan de nuestro eterno
pavor ante el dolor y la muerte
y el siglo XXI avanza
en búsqueda de más sangre, 
nueva sangre renovada de inocentes
sangre, siempre sangre.
Avanzamos y retrocedemos cada día,
somos los que seremos, pero,
sobre todo, los que éramos antes.