A Helen Fragua, compañera de sueños

Aún perdura en mi recuerdo
la magia tumultuosa
de aquellas madrugadas,
donde el alcohol y la música
henchía mis pulmones
de ansiosas aventuras
frenéticas.

Reverbera en mis oídos aún
el eco de voces roncas,
que aspiraban primaveras
de decepciones incurables,
ante la ardua espera
de cumplir sueños gloriosos
forjados de mil quimeras.

Hoy la vida me devuelve
de aquellos días nerviosos,
imparables, inagotables…,
el sabor rojo de un beso,
la aspiración, el deseo
de mil sueños incumplidos
que ya no me regalará el tiempo.

En este mi hoy cotidiano
que rememora mi ayer,
siguiendo las pulsaciones
de un ordenador oxidado,
aún quedan muchas trazas
de lo que fui cuando
la monotonía aún no era gris,
ni el silencio un duelo rojo.

Este yo que vive y piensa
en constante evolución,
este yo, fruto de aquello
confiesa que su ambición
por conseguir sueños plenos
sigue aún con decisión
forjando mil planes nuevos.