Amarte fue lo mejor
en este mundo sin memoria.

Atravesar tu barrera
de miedos negros, tenaces,
que encerraban tu sonrisa
en un mudo letargo;
fue lo mejor
en mi fugaz búsqueda de lo eterno.

Sucumbir en el abismo del otro,
mientras tu vendaval propio
desacelera su ritmo
ante el empuje de otra vida;
sí, eso también fue lo mejor.

Ser en otro, sin duda,
y recordarlo
fue la esencia
de momentos tan perpetuos
como la fugacidad avellana
de tu mirada absorbente,
como la sinrazón loca
del abismo de tenerte.

Amarte fue lo mejor
en este mundo sin historia
y abandonarte, mi amor,
el vacío mayor
que una mente solitaria
siente.