El eco de mi voz dolorida
vaga ocioso,
decodificado en un lenguaje binario
incomprensible para mi intelecto.

Mis ansiedades inundan tu calma,
mientras recreas en mis miedos
los tuyos propios
y caminamos juntos
construyéndonos y destruyéndonos
a golpes de impulsos electrónicos.

¿Cabe la poesía,
el verbo, la palabra, el sueño reflexivo
en redes que comercializan
nuestra psique
a golpe de talonario?

¿Cabe mi yo eterno
en la fugacidad desbordada del instante
que relata hechos cotidianos
como si fueran prueba de Dios?

Soy la misma que aquellos
que entintaron en palabras sus angustias,
aunque ahora someta mis cuitas
a micrófonos activos en teclados en blanco.

También es poesía esto.

Aproximo mi voz a tus ojos,
en un mundo saturado de imágenes y conflictos;
y busco mi hueco,
un hueco pródigo en colores,
repleto de miedos, enturbiado de ansiedades,
un espacio donde mi yo
es más próximo a tu yo,
superando días y noches cotidianos
donde la esencia se desdibuja en premura.

Aquí te espero, lector del siglo XXI,
envuelto en la arrogancia
de la importancia caduca,
de lo fugaz y lo etéreo.

Aquí te espero,
con la fuerza de nuevos instrumentos
y la ansiedad cotidiana de vivir
dominada por mi tiempo.